SEMBLANZA CURRICULAR

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Nació en Cuerámaro, Guanajuato. Es DOCTOR EN ARQUITECTURA (2009), Maestro en Arquitectura (2000) y Arquitecto (1976), por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Socio activo de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística (SMGE), y fundador y presidente de la SMGE Correspondiente en el Bajío de Guanajuato. Profesor de asignatura en Posgrado en Arquitectura (FA UNAM), coordinador y ponente de diplomados en la DECAD FA UNAM. Ha sido profesor titular en la Universidad Marista campus Ciudad de México; profesor invitado en posgrado de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC); conferencista, aficionado a la pintura, la música, la historia y la literatura; viajero empedernido, autor de la monografía histórica "Cuerámaro... desde los muros de una hacienda" publicada en la edición especial de la Colección Bicentenario (2010) por el Gobierno del Estado de Guanajuato. Hasta el 30 de septiembre de 2025, fue Director de Integración de Planeación, Proyectos y Presupuesto, de la Dirección General de Obras y Conservación de la UNAM.

martes, 15 de noviembre de 2016

ARQUITECTURA EN EL TIEMPO HISTÓRICO (TERCERA PARTE)

BASÍLICA COLEGIATA DE NUESTRA SEÑORA DE GUANAJUATO

Tercera Parte

(Fragmentos de la conferencia dictada por el Dr. Horacio Olmedo Canchola en el Salón Juan Pablo II de la Basílica Colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato, el 12 de octubre de 2016, en el marco del Curso Arte y Devociones Religiosas en la Ciudad de Guanajuato, coordinado por el Dr. José Luis Lara Valdés, de la Universidad de Guanajuato)

 

EL EMPLAZAMIENTO

Conforme a los decretos tridentinos y las recomendaciones de Borromeo, lo primero que debía hacerse para ubicar el emplazamiento de la nueva Parroquia de Guanajuato, era obtener la aprobación del obispo y elegir el lugar más apropiado para el edificio, de acuerdo con el consejo del arquitecto que se hubiera empleado para ello.


Sobre todo, debía cuidarse que se hiciera en un lugar algo más elevado, donde fuera visible desde todos los contornos, pero poniendo especial cuidado en que no se eligiera un lugar húmedo ni cerca de colinas ni de lugares en declive. Sin embargo, Borromeo también previene que si alguna vez es necesario edificar en un declive, debía hacerse con el trabajo de los hombres una planicie que respondiera a la magnitud de la futura iglesia.






Y eso fue lo que se hizo para edificar la nueva parroquia, porque por las condiciones del terreno fue necesario levantar una plataforma que permitiera alcanzar la planicie requerida para el piso de la iglesia y del atrio: se construyeron muros de mampostería y bóvedas, cuyos espacios vacíos fueron ocupados más tarde por criptas, como las que se pueden ver abajo de la sacristía y del camarín de la Virgen. Posteriormente, se ocuparon otros espacios con accesorias, como se puede ver en la esquina del Callejón del Truco, donde se alcanza el mayor desnivel.





   
Seguramente, otro referente considerado para definir el emplazamiento del edificio fue la Ordenanza de Felipe II, de 1573, en la que se señala que la iglesia en las ciudades del interior, como es el caso de Guanajuato, no debían construirse sobre la plaza, pero sí a cierta distancia de ésta, siendo lo mejor sobre una elevación del terreno para que pudiera verse desde todas partes y para que fuera necesario subir por gradas para entrar al templo. Esto también lo considera Borromeo en las Instrucciones.
En Guanajuato se dieron todas esas condiciones, aprovechando de la mejor manera las características y condicionantes del terreno.

 

FORMA Y ORIENTACIÓN DEL EDIFICIO

En lo que se refiere a la forma de la planta del edificio, las Instrucciones prescriben que el mejor criterio es la CRUZ LATINA, a semejanza del cuerpo humano, con la Capilla Mayor en la cabeza, y capillas a uno y otro lado en cada brazo, en los extremos del transepto.


Por lo que toca a la orientación, las Instrucciones establecen que la capilla mayor debe erigirse en el testero de la iglesia, en el lugar más elevado, cuya parte posterior debe mirar en línea recta hacia el oriente, pero que no debía situarse completamente hacia el oriente solsticial, sino hacia el equinoccial.



En el oriente solsticial los rayos llegan con una inclinación de 23° 27’, porque el Sol se encuentra en uno de los trópicos.


El oriente equinoccial es el punto por donde aparece el Sol en los equinoccios, entre el 20 y 21 de marzo o entre el 22 y 23 de septiembre, cuando el Sol se halla sobre el Ecuador y sus rayos llegan perpendicularmente a la Tierra.


Las Instrucciones de Borromeo, también prevén los casos en los que por las características del sitio no pudiera orientarse la capilla mayor como está dicho, en cuyo caso se da libertad, y sólo se excluye de manera terminante su colocación al norte.



 

En Guanajuato, debido a las peculiares condiciones topográficas de su emplazamiento, fue necesario girar un poco el trazo de la nueva iglesia, de manera que la Capilla Mayor y el ábside quedaron orientados con rumbo aproximado de 75 grados este-nord-este.


Lo anterior se explica si se analiza el trazo de los ejes de la iglesia en el esquema general de la plaza. De ese modo se observa que el eje longitudinal del edificio es sensiblemente paralelo con el lado sureste de la poligonal de la plaza, por lo que el centro del crucero pudo haberse definido geométricamente aplicando la proporción áurea a ese lado, y a partir de éste generar la localización de los ejes del edificio.


Contando con ese trazo, la posición de los ejes respecto al triángulo generador y la propia configuración del sitio le confieren a la iglesia una perspectiva única, diferente a la de cualquier otro edificio de su tipo, dejando ver su volumen y la fachada principal en un escorzo armónico e imponente que va creciendo ante el espectador a medida que sube a la plaza por el poniente.


De esa manera se manifiesta el carácter hegemónico de hito monumental y de elemento focal que adquiere la arquitectura parroquial en su entorno, como resultado de uno de los decretos tridentinos que influyó formalmente en el surgimiento del barroco, sobre todo en España y sus territorios americanos, donde se fundaron nuevas poblaciones e innumerables templos.





 


Pero además de la posición del edificio en su entorno, en la Parroquia de Guanajuato hay otro elemento de diseño que acentúa la perspectiva vertical del edificio, ya sea visto desde la diagonal de la plaza o de manera frontal a su fachada principal.


Esto es, si se encuadran ortogonalmente los perfiles de la fachada principal, se observa que además del remetimiento sucesivo que se da en los volúmenes superpuestos de las torres al pasar al nivel superior, sus cuerpos van reduciendo la sección como en una pirámide trunca, generando un efecto visual que le confiere mayor esbeltez a la fachada, además de la armonía que adquiere el escorzo por las proporciones compositivas aplicadas a su trazo.



CRITERIOS PARA LA COMPOSICIÓN ARQUITECTÓNICA 

En lo referente a la composición arquitectónica, se observa que en su trazo se siguieron ciertos patrones regulatorios basados en las proporciones armónicas que se obtienen al aplicar al diseño arquitectónico la llamada “sección áurea”.
La sección áurea es una proporción concreta que aparece entre los segmentos de una recta que se divide en su media y extrema razón, de la cual ya se hablaba desde el antiguo Egipto, de donde pasó a Grecia, y de allí Roma y a todo el mundo occidental.
 
En ese marco, el trazo compositivo jugaba un papel muy importante en el rito de fundación de la iglesia, ya que significaba la aplicación de la geometría, ciencia “sagrada” en casi todas las culturas, para obtener las proporciones y la armonía del objeto arquitectónico.
De esa manera, como resultado de la aplicación de los cánones de composición y los criterios recomendados por los tratadistas de la Arquitectura, la fábrica de la Parroquia entre 1671 y 1696 debió de abarcar la nave, el transepto, el presbiterio, el ábside, la cúpula y las bóvedas, la sacristía vieja, los cuerpos de las torres y el cementerio.
 
Con esos antecedentes, al analizar geométricamente el trazo compositivo de la planta de la iglesia también se observa el uso de la proporción áurea a partir del cuadrado y el círculo que se generan en el centro del crucero, marcando la posición de las pilastras y los arcos torales que soportan al tambor sobre el que descansa la cúpula y dan origen a las pechinas.
  
Se sabe también que en aquella época se había dejado un callejón por la parte de atrás del presbiterio, con lo que quedaba la iglesia como en una isla, conforme a las recomendaciones de Borromeo, permitiendo la comunicación entre los callejones del Truco y de la Tenaza.
Sin embargo, al paso del tiempo la parroquia había ido perdiendo la posesión de aquel espacio, hasta quedar convertido en corral de las casas colindantes.
El callejón se mantuvo ese estado hasta 1756, cuando el mayordomo de fábrica espiritual de la iglesia, Antonio Bernardino de Nava, alcalde ordinario de la ciudad, consiguió del Cabildo la traslación de dominio a favor de la Parroquia.
Veinte años más tarde se decidió la construcción de la nueva sacristía en aquel espacio que había ocupado el callejón, siendo curas Juan de Dios Fernández de Souza y Juan José Bonilla, a expensas en su mayor parte de la fábrica espiritual, a cargo del mayordomo Miguel de la Rivera Llorente, contratando para ello al arquitecto Felipe de Ureña.


(CONTINUARÁ EN LA CUARTA Y ÚLTIMA PARTE)


 

martes, 8 de noviembre de 2016

ARQUITECTURA EN EL TIEMPO HISTÓRICO (SEGUNDA PARTE)

BASÍLICA COLEGIATA DE NUESTRA SEÑORA DE GUANAJUATO

Segunda parte


(Fragmentos de la conferencia dictada por el Dr. Horacio Olmedo Canchola en el Salón Juan Pablo II de la Basílica Colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato, el 12 de octubre de 2016, en el marco del Curso Arte y Devociones Religiosas en la Ciudad de Guanajuato, coordinado por el Dr. José Luis Lara Valdés, de la Universidad de Guanajuato)

 

EL ENTORNO: LA PLAZA MAYOR

En el último tercio del siglo XVII, la fundación de la Plaza Mayor marcaría un hito en el desarrollo y configuración de la trama urbana de la Villa de Santa Fe y Real de Minas de Guanajuato.


Legajo 1783 de Indiferente General Archivo General de Indias, Sevilla, Esp.
 Antes de continuar, conviene recordar que el asentamiento primigenio del Real de Minas de Santa Fe surgió no por formalidades de la fundación de una nueva población, sino como campamento para la gente traída o atraída por la minera. En esas condiciones, la configuración del vecindario y de sus calles debió responder más al recorrido de los caminos determinados por la topografía entre las haciendas de beneficio y las minas, que al cumplimiento de alguna ordenanza, o a un plan previamente concebido.
Según Serrano Espinoza, la fundación de la plaza mayor fue posible por la donación de terrenos que hicieron Alonso Rodríguez Correa, Procurador del Ayuntamiento, y Rodrigo Mejía Altamirano, Caballero de la Orden de Santiago y Alguacil Mayor de la Audiencia. De esa manera, como sucedió con los callejones, la configuración topográfica del sitio determinaría las características geométricas de la plaza, generándose una figura irregular a partir de un triángulo escaleno, como una trompa, en la que la parte más ancha quedaba al noreste, en lo alto de la colina.
Esquema hipotético del trazo de la Plaza Mayor de Guanajuato (HOC)

Por todas sus características, la plaza resultó desde su origen un espacio urbano único, configurado con reminiscencias culturales de plazas medievales españolas, pero también con experiencias renacentistas que destinaban la plaza mayor a funciones del ejercicio de los poderes civil y eclesiástico.
Para ese entonces, reconociendo el desarrollo y a la importancia económica que representaba el Real de Minas de Guanajuato, el arzobispo de México y virrey de Nueva España, fray Payo Enríquez de Rivera, concedió a la población el título de “Villa de Santa Fe y Real de Minas de Guanajuato”, en 1679, el cual sería confirmado más tarde por Carlos II, el 3 de noviembre de 1684.

 La población de la nueva villa era entonces de alrededor de dieciséis mil habitantes, conglomerado que había generado un considerable aumento en la demanda de servicios y de espacios públicos y arquitectónicos para satisfacer sus necesidades sociales y religiosas.
Una de las necesidad prioritarias de la rica y piadosa sociedad santafesina era la construcción de una nueva PARROQUIA, más amplia, decente y digna que la de Los Hospitales. Una parroquia que fuera marco del poder espiritual y santuario de la preciada imagen de la Virgen de Guanajuato, pero que a la vez señalara la importancia y jerarquía de la nueva Villa de Santa Fe y Real de Minas de Guanajuato.

LA PARROQUIA


Era el año de 1671. En España gobernaba Carlos II, “el Hechizado”, y hacía algo más de un siglo que su bisabuelo, Felipe II, “el Prudente”, había ordenado la aplicación de los decretos tridentinos en todos sus territorios.

En el arte, desde mediados del siglo XVI el Renacimiento había dando paso una corriente denominada Manierismo. Pero también ésa corriente había devenido en un nuevo estilo que más tarde sería conocido como Barroco. Un estilo profuso, lleno de simbolismo, que respondería tanto a los sentimientos piadosos de la aristocracia novohispana, como a los de los indígenas aculturados, al expresar sincréticamente los valores más profundos de una sociedad caracterizada por su diversidad y ambivalencia.

Por el lado eclesiástico, era obispo de la Diócesis de Michoacán monseñor Francisco Antonio Sarmiento y Luna, y cura de Santa Fe de Guanajuato, el doctor José Hurtado de Castilla.
Imagen de Nuestra Señora de Guanajuato
Para entonces, la producción del Real de Minas de Santa Fe de Guanajuato había generado y seguía generando suficiente riqueza, de manera que sus propietarios acumulaban tantos recursos económicos como sentimientos piadosos y disposición para patrocinar de sus propios caudales la edificación del nuevo templo.


En esa situación de opulencia santafesina encontramos al Dr. Juan Diez de Bracamontes, abogado de la Real Audiencia de México, comisario del Santo Oficio y dueño de la Mina de Rayas, quien aportó de su propio caudal los fondos necesarios para llevar a cabo la obra de la nueva parroquia, como él mismo lo manifiesta explícitamente en una Relación de Méritos, fechada en 1693.




No obstante la declaración anterior, además de los fondos mayoritarios aportados por Bracamontes, igualmente se encuentran documentadas diversas aportaciones económicas de otros personajes, para la construcción de la Parroquia. Como las de Andrés de Estrada, quien todavía en diciembre de 1699 donó 2 000 pesos para al fábrica del edificio. 
(CONTINUARÁ EN LA TERCERA PARTE)