SEMBLANZA CURRICULAR

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Nació en Cuerámaro, Guanajuato. DOCTOR EN ARQUITECTURA (2009), Maestro en Arquitectura (2000) y Arquitecto (1976), por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Profesor de asignatura en Posgrado en Arquitectura (FA UNAM), coordinador y ponente de diplomados en la DECAD FA UNAM, profesor titular en la Universidad Marista campus Ciudad de México, profesor invitado de posgrado por la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), conferencista, aficionado a la pintura, la música, la historia y la literatura; viajero empedernido, autor de la monografía histórica "Cuerámaro... desde los muros de una hacienda" publicada en la edición especial de la Colección Bicentenario (2010), Gobierno del Estado de Guanajuato,

jueves, 27 de julio de 2017

HACE DOSCIENTOS AÑOS... (3)

REUNIÓN DE LA REPRESENTACIÓN DEL GOBIERNO INSURGENTE CON XAVIER MINA



A finales de junio de 1817, al recibir información sobre la llegada de Xavier Mina al fuerte del Sombrero, la Junta de Jaujilla instruyó al doctor José de San Martín, vocal del Gobierno, para que acudiera al fuerte con el fin de cumplimentar a Mina, felicitar a su oficialidad y tratar diversos asuntos concernientes a su participación en la insurgencia.

San Martín salió de Jaujilla el 29 de junio, acompañado por un secretario (Antonio Basilio Vallejo), un capellán, ocho oficiales y otros individuos. A tres leguas de Los Remedios fue recibido por el teniente general José Antonio Torres (el padre Torres), comandante general de la provincia de Guanajuato, con una escolta de ciento cincuenta dragones. La comitiva entró al fuerte de Los Remedios la tarde del primero de julio, donde fue recibido el gobernante con los honores militares y el correspondiente saludo de artillería.

San Martín permaneció en Los Remedios una semana, y el 7 de julio salieron del fuerte el doctor San Martín y el padre Torres con una numerosa comitiva de oficialidad y trescientos dragones. Llegaron al Sombrero al día siguiente, pero no encontraron ni a Mina ni a Pedro Moreno, comandante general del Potosí, porque habían ido con tropas de Encarnación Ortiz al ataque a la hacienda de Jaral del Berrio.


Mina y Moreno regresaron al Sombrero el día 10, trayendo consigo un cuantioso tesoro fácilmente obtenido en la hacienda de Jaral del Berrio.

De acuerdo con la minuta publicada en la Gaceta del Gobierno Provisional Mexicano en las Provincias del Poniente, del miércoles 30 de julio de 1817, los actos en El Sombrero se desarrollaron de manera cordial, y el doctor San Martín manifestó en nombre del Gobierno de México la satisfacción por el arribo de Mina y el reconocimientos “a todos los generosos protectores de su libertas”.
San Martín concluye su discurso diciendo lo siguiente:

La presencia de V. S. justificará ante todas las naciones nuestro procedimiento, y su testimonio ocular será irrecusado (sic) en los siglos venideros. Él patentizará que los americanos aman de corazón a los buenos españoles, que sus quejas se dirigen contra los bárbaros sanguinarios; que pelean para sacudir el yugo de plomo que por más de trescientos años los ha encorvado; que solamente desean la libertad de su Patria, y que luchan con bizarría y constancia porque están persuadidos que la guerra de la América es la guerra del género humano, y una guerra en que se interesa la prosperidad de la Europa. Éstos son, Sr. Gral., los sentimientos del Gobierno Mexicano. En su representación los manifiesto a V. S. teniendo el honor de entregarle el oficio que puso en mis manos para que yo, como uno de sus miembros, lo pasara a la de tan benemérito, esforzado y generoso militar.

La misma minuta da cuenta de la contestación de Xavier Mina, en los siguientes términos:

El Sr. Mina contestó en términos muy preciosos y lacónico, diciendo en substancia que estaba persuadido de la justicia con que la América reclamaba sus derechos, de la opresión que estaba sufriendo de las heces del bajo pueblo español que había venido a la América que por su situación geográfica, por sus inmensas riquezas, por sus producciones preciosas, por el talento y amable índole de sus habitantes era digna de ocupar uno de los primeros rangos entre las naciones de Europa; que la consecución de tan interesante objeto era el de su expedición; que estaba muy lejos de tener ideas ambiciosas, que sus planes con las naciones extranjeras solamente se dirigían a salvar la América y proporcionarle la libertad; que para realizar estas promesas habían erogado sus aliados cuantiosas sumas; que estaban prontos a sacrificar otras mayores; que él con toda su división y sus arbitrios se ponía a la disposición del Gobierno Mexicano para que éste, con una sabia dirección, lo empleara en todas las operaciones que contribuyeran a la felicidad de esta América septentrional.

Ese episodio histórico ha generado diversos mitos y supuestos cuyo origen  se encuentra en el libro Memoirs of the Mexican Revolution, de William D. Robinson (1820). Este autor da una versión diferente y subjetiva de los acontecimientos, afirmando que en esa reunión se le entregó a Mina el “mando superior del ejército insurgente”, lo que provocó la envidia y protestas del padre Torres. Pero el mismo Robinson contradice lo anterior al señalar que si Torres y los demás jefes patriotas que estaban bajo sus órdenes hubieran sacrificado sus intereses personales a la causa del país y cooperado magnánima y cordialmente con Mina, lo hubieran nombrado comandante en jefe, y éste hubiera hallado una superabundancia de hombres y de recursos.

En el acto referido, el doctor San Martín da a Mina el tratamiento de Vuestra Señoría (V. S.) que le correspondía por el rango, y no el de Excelentísimo Señor (Exmo. Sr.), y dice en su discurso que se hará que los comandantes americanos tengan el honor de pelear al lado de Mina, como de hecho sucedió en todas las acciones que llevó a cabo en El Bajío, pero eso de ninguna manera significaba entregarle el mando superior de los ejércitos insurgentes como afirma Robinson. Lo que sí se puede afirmar con base en el mismo discurso es que en el acto se le otorgó el oficio de mariscal de campo, como previamente lo había acordado la Junta de Jaujilla en respuesta a la solicitud de Mina (véase el artículo anterior). Esto lo manifiesta el doctor San Martín al decirle que tiene “el honor de entregarle el oficio que puso en mis manos (el Gobierno mexicano) para que yo, como uno de sus miembros, lo pasara a la de tan benemérito, esforzado y generoso militar”.

Por otro lado, independientemente del oficio que le fue conferido por el Gobierno independiente, San Martín registra en su libro de Memorias que Mina propuso irse  a  los  Estados  Unidos con  la  división  de  Ortiz,  por Provincias  Internas,  para  volver  antes  de  un  año  con  diez  mil  hombres, pero la propuesta no fue aprobada. En cambio, dice San Marín, se determinó que el licenciado Cornelio Ortiz de Zarate fuera con la misma comisión, lo cual no llegó a realizarse porque éste murió durante el sitio a Los Remedios, en septiembre de 1817.


San Martín y Torres dejaron el fuerte El Sombrero el 11 de julio, para regresar uno a Jaujilla y el otro a Los Remedios. Mina se quedó en el fuerte con sus expedicionarios y las tropas de Moreno, Encarnación Ortiz y Sebastián González. Más tarde, según se confirma por un informe del coronel realista Juan de Horbegoso, ante la inminente presencia de las tropas realistas al mando de Pascual de Liñán, el 27 de julio, por instrucciones del padre Torres, Miguel Borja entró al fuerte El Sombrero con 200 de sus hombres y un convoy de víveres. Refiriéndose a esto, nuevamente Robinson tergiversa los hechos para culpar a Torres del fracaso de Mina, y afirma que la única ayuda que el fuerte recibió del padre Torres consistió en setenta hombres de caballería bajo el mando de Miguel Borja.

La mayoría de los autores que han referido la entrevista en El Sombrero y los hechos posteriores siguen la versión de Robinson y, como éste, señalan al padre Torres como el origen del fracaso de Xavier Mina. La realidad, a la vista de otras fuentes primarias más allá de la obra de Robinson, fue diferente, y si bien esto no cambia los hechos, si da luz y significado a la Resistencia insurgente en el Bajío y a sus protagonistas. Algo que hasta ahora seguimos escatimado.


NOTA: Este artículo es un fragmento del libro inédito "Resistencia insurgente en el Bajío (1813-1818), de Horacio Olmedo Canchola. Reservados todos los Derechos. Queda prohibida su difusión, copia o almacenamiento sin autorización expresa del Autor.

miércoles, 26 de julio de 2017

PETRA, LA CIUDAD PERDIDA


Continuando con esta serie de artículos que me llevan en el tiempo a las memorias de mis andares, de la antigua Jericó y el Monte de las Tentaciones, que ya recordé en la entrada anterior, paso ahora a la ciudad de Petra, en Jordania, que tuve la oportunidad de visitar en diciembre de 2014.


MEMORIA DE MIS ANDARES (2)


Muy temprano, a la hora acordada para iniciar el viaje, llegó nuestro guía al hotel Imperial Palace, en Amman, capital de Jordania, donde nos hospedábamos. Nuestro destino, a tres horas de camino, Petra, la ciudad perdida en el desierto, una de las maravillas creadas por la Naturaleza y el Hombre, que desde el 6 de diciembre de 1985 fue inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la Humanidad, título conferido por la Unesco.



PETRA

Petra, impresionante ciudad esculpida en la piedra rojiza de montañas areniscas, se localiza a 240 km al sur de Ammán, actual capital jordana. Aunque la mayoría de los monumentos que aún se pueden ver fueron construidos por los nabateos, se sabe que el área estuvo habitada desde hace más de siete mil años. Los edomitas la ocuparon del 1200 al 550 a.C., y los nabateos comenzaron a establecerse en ella a finales del siglo VI a.C.

Los nabateos se dedicaron principalmente a la agricultura y a la cerámica. Cultivaban viñas y olivos y criaban camellos, ovejas, cabras y caballos. Tenían conocimientos sobre la canalización del agua y construyeron una compleja red de canales y cisternas que permitieron el desarrollo de la ciudad. Hacia el siglo II a.C., Petra se convirtió en capital del reino nabateo.


Petra fue un importante centro para las actividades comerciales que enlazaban  las rutas entre China, la India y el sur de Arabia con Egipto, Siria, Grecia y Roma. Las caravanas cargadas de incienso, seda, especias y otros materiales exóticos, paraban en Petra por la seguridad que les brindaba. Los nabateos cobraban a las comerciantes un impuesto por los bienes que pasaban por la ciudad.


Los romanos establecieron en el año 64 a.C. una provincia en Siria y formaron la Decápolis, una alianza de diez estados que impidió a los nabateos cualquier tipo de expansión. En el 106, se anexaron el reino nabateo, convirtiéndolo en parte de la provincia romana de Arabia. A partir de entonces los romanos tomaron el control de las rutas comerciales y las desviaron de Petra. Era el principio del fin de los nabateos, cuya riqueza y poder fue disminuyendo gradualmente hasta su decadencia.


La población nabatea comenzó a disminuir, y cuando el cristianismo se expandió por el Imperio Bizantino, Petra se convirtió en la sede de un obispado.
En el 447, uno de los antiguos monumentos nabateos fue convertido en iglesia por el obispo, y actualmente se conoce como Tumba de la Urna.

Más tarde, en el siglo XII, los cruzados ocuparon Petra, pero pronto la desocuparon. Aunque el lugar volvió a utilizarse entre los siglos XIII y XV como escala de las caravanas, finalmente Petra fue abandonada, convirtiéndose en un lugar deshabitado, aunque fue protegido celosamente por los beduinos de la zona.


Petra permaneció olvidada por el mundo occidental hasta que el explorador suizo, Johann Ludwig Burckhardt, disfrazado de árabe, la redescubrió en agosto de 1812.

 

El Siq o desfiladero


Como lo hacían los visitantes y las caravanas milenarias, entramos a Petra a través del Siq o desfiladero, un estrecho y ondulante cañón de más de un kilómetros de largo, con elevadas paredes naturales de más de 100 metros de altura. El simple hecho de caminar a través del Siq es una experiencia inolvidable. Los colores son deslumbrantes y las caprichosas formaciones rocosas le dan a cada rincón un indescriptible misterio acumulado por miles y miles de años. Aunque muy erosionadas, aún se pueden observar a lo largo del cañón los vestigios de esculturas y decoraciones talladas en las paredes de la montaña, y restos de construcciones de ingeniería hidráulica realizadas por los nabateos hace más de dos mil años.



Al-Khazneh: El Tesoro


Al llegar al final del Siq, una inmensa rendija que forman las paredes del cañón descubre por primera vez, deslumbrante, una parte de la fachada del Al-Khazneh o El Tesoro.


Al salir del cañón nos topamos de lleno con la  impresionante vista de una de las más hermosas y mejor conservadas construcciones de la ciudad: una fachada clásica de 30 metros de ancho y 43 de alto, simétrica, esculpida directamente en la roca arenisca de color rojizo, que eclipsa todo a su alrededor.


El Tesoro fue construido en el siglo I como tumba de un rey nabateo. La fachada, de estilo helenístico, se desarrolla en dos niveles, con elementos del orden clásico. En el primer nivel se encuentran seis columnas con capiteles corintios que definen la entrada a la cámara y sostienen el entablamento rematado por un frontón triangular en cuyo tímpano se observa la cabeza erosionada de una gorgona.


En el segundo nivel, al centro de la fachada, rompiendo el plano clásico de la fachada y el frontón, como si se tratara del estilo que siglos después se denominaría barroco, destaca un hermoso templete circular, formado por cuatro columnas y el entablamento circular coronado por un elemento cónico que remata en un capitel corintio y una urna. Este templete se remete armónicamente en el conjunto conservando la continuidad de los elementos clásicos de las columnas y el entablamento.


La fachada y la leyenda de El Tesoro fueron aprovechadas por Steven Spielberg en la mítica y fantástica película “Indiana Jones y la última cruzada”, que se estrenó en 1989.


Pero Petra va mucho más allá de El Tesoro.

Conforme se avanza por el valle de Petra, uno va quedando sin palabras ante la belleza natural del lugar y su impresionante arquitectura, no construida sino literalmente esculpida en las montañas. Existen cientos de elaboradas tumbas excavadas en las rocas, con complicados grabados y elementos arquitectónicos y decorativos de diferentes culturas y estilos, que acentúan su belleza con las caprichosas vetas cobrizas de la piedra.









HASTA LA PRÓXIMA 

[Los artículos que se publican en este Blog Horario: consagrado a las horas, son de la autoría de Horacio Olmedo Canchola. Quedan reservados todos los derechos de autor y protegidos por las leyes nacionales e internacionales sobre el Derecho de Autor.]