SEMBLANZA CURRICULAR

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Nació en Cuerámaro, Guanajuato. DOCTOR EN ARQUITECTURA (2009), Maestro en Arquitectura (2000) y Arquitecto (1976), por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Profesor de asignatura en Posgrado en Arquitectura (FA UNAM), coordinador y ponente de diplomados en la DECAD FA UNAM, profesor titular en la Universidad Marista campus Ciudad de México, profesor invitado de posgrado por la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), conferencista, aficionado a la pintura, la música, la historia y la literatura; viajero empedernido, autor de la monografía histórica "Cuerámaro... desde los muros de una hacienda" publicada en la edición especial de la Colección Bicentenario (2010), Gobierno del Estado de Guanajuato,

domingo, 20 de agosto de 2017

HACE DOSCIENTOS AÑOS... (6)


CAÍDA DEL FUERTE DEL SOMBRERO O DE COMANJA


A escasos tres días de que Pascual de Liñán estableciera el sitio al fuerte del Sombrero, que comandaban Pedro Moreno y Xavier Mina, comenzaron a escasear los víveres y las municiones. Frente a esa situación, y al no recibir el apoyo del padre Torres, Xavier Mina decidió salir del fuerte la noche del 8 al 9 de agosto, acompañado por Miguel Borja y Encarnación Ortiz, con la intención de llegar a Los Remedios en busca de auxilio.

John Davis Bradburn
En El Sombrero había quedado al frente de la División el coronel Guilford Dudly Young, del ejército de los Estados Unidos y amigo cercano del general Winfield Scott, teniendo como segundo al coronel norteamericano John Davis Bradburn.

Las acciones que realizaban Mina, el padre Torres y sus partidas para auxiliar a los sitiados del Sombrero se encuentran brevemente descritas en los informes militares de Liñán.  Sin embargo, en las Memorias se lee una versión diferente. Nuevamente basándose en Brush, Robinson dice que cuando Mina logró salir del fuerte permaneció varios días en las montañas de sus alrededores con un pequeño cuerpo de caballería, y que habiendo enviado varios mensajes al padre Torres instándolo a que mandara tropas al fuerte o para cubrir los movimientos de su guarnición, sólo recibía respuestas evasivas y frívolas, por lo que decidió dirigirse a Los Remedios, llevando consigo una escolta de cien hombres de la caballería de Ortiz, a donde llegó el día 17, dos días antes de que cayera el Sombrero. Ante la insistencia de Mina —concluye—, “Torres dio orden a algunos de sus comandantes de ocurrir con sus tropas tan pronto como fuera posible a Los Remedios; pero ¡ay! esta orden fue dada demasiado tarde para ser de utilidad a El Sombrero”.  

Esa versión fue seguida por la mayoría de los autores, y es la que prevalece sin ser cuestionada. Sin embargo, si se analiza objetivamente en el contexto apremiante del sitio, se puede deducir lo ilógico que resulta suponer que, conociendo la situación de los sitiados y habiendo salido del Sombrero desde la madrugada del 9 de agosto, Mina permaneciera inactivo y desperdiciara inútilmente una semana tan sólo por supuestas respuestas evasivas y frívolas (o insignificantes, como lo traduce Mora) de Torres. Mina había salido con Borja y Ortiz con la intención actuar y buscar auxilio urgente para los sitiados, y con esa convicción llegó a Los Remedios el día 10. Las acciones e intentos de auxilio con el padre Torres, Diego Noboa, Lucas Flores, Miguel Borja y Encarnación Ortiz, comenzaron de inmediato, pero no tuvieron éxito, como tampoco lo había tenido antes el padre Torres.

En el Sombrero, ya todo esfuerzo era inútil. Poco después de la salida de Mina, dice James A. Brush, “la mayoría de los mexicanos desertaron y, siguiendo su ejemplo, también algunos de los soldados de Soto la Marina que hasta entonces habían permanecido leales a la División incluso en las situaciones más difíciles o peligrosas. La guarnición se vio reducida a unos doscientos cincuenta efectivos”.

Habiendo conocido por la confesión de algunos desertores sobre la apremiante situación en el interior del fuerte, Liñán redobló los ataques, seguro de su inminente caída. Mientras, en el interior de la fortaleza, además de los ataques de los relistas, se vivía una desesperada situación emocional que enfrentaba a Pedro Moreno con los oficiales de la división de Mina. James A Brush, oficial inglés de la División, que se encontraba en el fuerte, escribe en su Diario graves acusaciones de avaricia y mezquindad sobre Moreno y sus pocos oficiales que aún quedaban.

Los oficiales de la División ya no estaban de acuerdo en seguir defendiendo el fuerte, y el coronel Young ordenó que se preparara todo para abandonar el fuerte a media noche del 18 de agosto; sin embargo, dice Brush, Moreno insistió en que se debía mantener la defensa a toda costa, y manifestó que “aunque los miembros extranjeros de la División Auxiliar lo abandonaran, él permanecería en la plaza con la pequeña parte de sus propios hombres que aún seguían en el fuerte y con aquellos nativos que eligieran compartir su destino para continuar la defensa hasta sus últimas consecuencias”. Moreno impuso su punto de vista, y la orden de evacuar el fuerte fue revocada. Sin embargo, al no ser comunicada esta contraorden a todos, algunos oficiales de la administración y sus sirvientes abandonaron el fuerte a la hora indicada, seguidos por un número considerable de nativos y soldados extranjeros.

Al día siguiente, enterado Liñán de los acontecimientos, ordenó romper la línea delantera de aproximación y avanzar las columnas hacia la fortificación. Comenzó la última y heroica batalla de defensa del Sombrero. Según Brush, los realistas perdieron en el asalto alrededor de cuatrocientos hombres, y aunque en El Sombrero las pérdidas fueron escasas en número, entre éstos se contó la muerte del jefe de la División Auxiliar, el coronel Guilford Dudly Young, quien por la emoción ante la huida de los enemigos se había subido a una gran roca cerca de la muralla, y un tiro de cañón de la batería enemiga le voló la parte superior del cráneo. Young fue enterrado con honores en el interior del fuerte, y el mando de la División pasó al coronel norteamericano John Davis Bradburn.
El 20 de agosto de 1817, hace doscientos años, cayó el fuerte El Sombrero en poder de Liñán, cuando sus ocupantes pretendían escapar huyendo por las barrancas. La mayoría murió; aunque también cayeron muchos prisioneros, que más tarde fueron fusilados. Entre los prisioneros estaban la esposa de Pedro Moreno y uno de sus hijos. El mariscal insurgente Pedro Moreno logró escapar con algunos hombres de Mina. 

Vistas del fuerte El Sombrero (Colección Ruiz de Apodaca RAHE)
Condecoración otrogada a los soldados y oficiales realistas que participaron en la toma de El Sombrero. (AGN)
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NOTA: Este artículo es un fragmento del libro inédito "Resistencia insurgente en el Bajío (1813-1818), de Horacio Olmedo Canchola. Reservados todos los Derechos. Queda prohibida su difusión, copia o almacenamiento sin autorización expresa del Autor. 

jueves, 10 de agosto de 2017

HACE DOSCIENTOS AÑOS... (5)


SITIO Y RESISTENCIA INSURGENTE EN EL SOMBRERO 

 

La mañana del 31 de julio de 1817, el ejército realista al mando del mariscal Pascual de Liñán estableció formalmente el sitio al fuerte El Sombrero, que defendían en el interior las tropas de Pedro Moreno, Miguel Borja, Encarnación Ortiz y González, apoyados por Xavier Mina y la fuerza remanente de su División Auxiliar (James A. Brush dice que ya no pasaban de 160 los efectivos de la División, incluyendo a los nativos de Soto la Marina).

Según Pascual de Liñán, en El Sombrero había un total de 600 a 700 hombres bien provistos de armas y municiones, con 20 piezas de artillería.

William D. Robinson anota que El Sombrero estaba defendido por 650 efectivos, aunque su población total era de alrededor de 900 individuos, incluyendo trabajadores, mujeres y niños. También informa que todo lo que se tenía para resistir el sitio eran veinticinco cajas de municiones y provisiones para diez días.  Sin embargo, en otra parte de su obra, interpretando a Brush, narra una situación muy diferente y contradictoria de abundancia en la fortaleza, generada por los fondos tomados en la hacienda del Jaral. Dice que se pagaron los sueldos de los soldados, y que se reclutaron muchos hombres que llegaban de toda la región; que se enviaron agentes con fondos suficientes a Querétaro, a México y a muchas de las poblaciones donde había industria, para comprar telas y ropa blanca; que se adquirieron equipos y uniformes, zapatos y sombreros, y que se erigió un arsenal en el fuerte y se estableció una armería bajo la dirección de un oficial de la Guardia de Honor, que se suministraron todos los artículos necesarios y aun de lujo y, como la División tenía mucho dinero, pronto se tuvo en el fuerte un mercado igual o quizá superior a cualquiera de los de las poblaciones realistas de las llanuras. La realidad, por desgracia, era la del primer escenario descrito.

Paisaje del cerro del Sombrero
Xavier Mina mantuvo comunicación con el padre Torres desde el comienzo del sitio, y a cuatro días de haberse iniciado le informaba que ya hacía tres días que carecían de agua en el fuerte, pues una de las primeras acciones de Liñán fue establecer una guardia cerca de la fuente que manaba en la barranca, para impedir a los sitiados abastecerse del líquido como hasta entonces lo habían hecho.

En varias cartas fechadas el 2 de agosto (al día siguiente de haber iniciado el ataque de Liñán), Mina, desesperado, instaba al padre Torres para que “reuniendo todas las fuerzas, marche contra Guanajuato, impidiendo toda comunicación entre Silao, León y los sitiadores”. Pero lo que pedía Mina era imposible: el poderoso ejército de Liñán se componía de tres mil quinientos hombres, y su estrategia consistía en operar con cuatro secciones: tres que sitiaban y atacaban al fuerte, y otra, al mando de Juan Rafols, con mil hombres, que correría entre León, Silao y Guanajuato para vigilar y neutralizar los movimientos del padre Torres y evitar cualquier tipo de auxilio al fuerte.

La mayoría de los autores, siguiendo a Robinson (y éste interpretando a Brush), señalan que por envidia Torres ignoraba las necesidades de Mina y de los sitiados. Sin embargo, Agustín Rivera, en forma más objetiva, señala que las causas y la suerte del padre Torres eran las mismas que las del Sombrero, y que —más conocedor Torres que Mina de la situación militar y topográfica de la región— no secundó los deseos del navarro porque no pudo hacerlo, como más tarde lo probaría el mismo Mina con un intento de introducir víveres al fuerte, y no pudo.

Ciertamente, existen evidencias de que el padre Torres hizo intentos para auxiliar al Sombrero, pero fue rechazado por Rafols. Robinson también lo reconoce, aunque no pierde la oportunidad de desvalorarlo, diciendo que “al avanzar [Torres] con su acostumbrado descuido cayó en una emboscada que le tendió el enemigo cerca de Silao”. 

Por otro lado, basándose en los informes de los comandantes que participaron en los hechos, Ruiz de Apodaca da cuenta al Secretario de Estado y del Despacho de Guerra (31 de agosto de 1817) de los intentos de Torres, diciendo que las condiciones del Sombrero y la calidad de sus defensores obstaculizaban la caída del fuerte y daban a los insurgentes la confianza de sostener el sitio y rechazar los ataques de los realistas, sobre todo porque contaban —dice explícitamente— “con los esfuerzos que según el plan combinado entre ellos debía hacer el clérigo apóstata Josef Antonio Torres titulado comandante general de la provincia de Guanajuato, que dispone de las numerosas gavillas que existen en aquel distrito, para incomodar a los sitiadores, e introducir víveres y demás auxilios en la posición enemiga, llamando al mismo tiempo la atención por diversos puntos”.

Uno de esos intentos que hacía el padre Torres para distraer a Juan Rafols fue atacar la Piedad el 7 de agosto, con el apoyo de Noboa, Huerta, Lucas Flores y Calixto Aguirre, pero tampoco tuvo éxito.

Plano de localización de los fuertes insurgentes de El Sombrero, Los Remedios y Jaujilla, 1817 (RAHE)
De cualquier manera, en El Sombrero se agotaron muy pronto los víveres y las municiones. En tales circunstancias, Xavier Mina, impotente, decidió escapar del fuerte la noche del 8 al 9 de agosto, acompañado por los coroneles insurgentes Miguel Borja y Encarnación Ortiz, con la intención de llegar a Los Remedios en busca de auxilio. El fuerte del Sombrero había quedado a cargo del coronel Young, segundo de Mina, y de Pedro Moreno. Xavier Mina y sus compañeros llegaron a Los Remedios al día siguiente.

Monumento en el sitio de El sombrero
Dos días después, el 11 de agosto, buscando poner en práctica la estrategia de Mina, que consistía en tomar Guanajuato, Encarnación Ortiz atacó la mina de la Valenciana, pero fue rechazado. Al día siguiente, las tropas de Borja y Lucas Flores con el padre Torres, Mina y Noboa al frente, harían otro intento, atacando en la hacienda del Sauz un convoy al mando de Juan Rafols, que llevaba víveres de Guanajuato a Comanja, pero también fueron rechazados.

El último intento por ayudar a los sitiados lo hizo Mina la misma noche del 12 de agosto, cuando en compañía de Encarnación Ortiz y su gente pretendió introducir agua y provisiones al Sombrero, pero fueron recahzados al ser descubiertos, y tuvieron que abandonar los víveres que pretendían hacer llegar a los sitiados. Mina quedó convencido de que lo único que podían hacer los del fuerte era evacuarlo.

Pascual de Liñán sabía que tenía seguro el triunfo, y su principal objetivo no era simplemente arrasar un punto fortificado, sino —como dice en su parte militar— “evadido Mina, destruir la gavilla de bandidos extranjeros que había traído consigo. Estos hombres decididos a pelear por sus vidas, y entre los cuales hemos visto que había oficiales de valor, capacidad y conocimientos militares, eran sin duda más importantes que el mismo Mina. Éste podía ser reemplazado con ventaja por alguno de ellos; pero a ellos no hallará Mina quien pueda reemplazarlos”.

NOTA: Este artículo es un fragmento del libro inédito "Resistencia insurgente en el Bajío (1813-1818), de Horacio Olmedo Canchola. Reservados todos los Derechos. Queda prohibida su difusión, copia o almacenamiento sin autorización expresa del Autor.