SEMBLANZA CURRICULAR

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Nació en Cuerámaro, Guanajuato. DOCTOR EN ARQUITECTURA (2009), Maestro en Arquitectura (2000) y Arquitecto (1976), por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Profesor de asignatura en Posgrado en Arquitectura (FA UNAM), coordinador y ponente de diplomados en la DECAD FA UNAM, profesor titular en la Universidad Marista campus Ciudad de México, profesor invitado de posgrado por la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), conferencista, aficionado a la pintura, la música, la historia y la literatura; viajero empedernido, autor de la monografía histórica "Cuerámaro... desde los muros de una hacienda" publicada en la edición especial de la Colección Bicentenario (2010), Gobierno del Estado de Guanajuato,

domingo, 9 de julio de 2017

MEMORIA DE MIS ANDARES...



Quiero comenzar esta serie de narraciones sobre las memorias de mis andares, no en forma cronológica o secuencial como fueron realizados los viajes, sino precisamente en la ciudad considerada la más antigua siempre habitada del planeta: Jericó, en Palestina, que tuve la dicha de conocer en diciembre de 2014 como parte de un recorrido inolvidable... 

Jericó


Una mancha verde en medio del amarillento desierto... Así se ve Jericó, la ciudad siempre habitada más antigua de la Tierra, con más de 10,000 años de historia, y la más baja del planeta, a 260 metros bajo el nivel del mar.

La ciudad se localiza aproximadamente a 7 kilómetros al oeste del río Jordán, a 30 al este de Jerusalén y a 10 al norte del Mar Muerto.


En la Biblia se le describe como la "ciudad de las palmeras" por la profusión de estos árboles y la fama de sus exquisitos dátiles.

Sus primeros pobladores conocidos pertenecían a una cultura anterior al 9,000 a.C., a la que siguieron diversas tribus en distintas épocas. Desde entonces y hasta el primer milenio antes de Cristo, la ciudad tuvo distintas épocas de florecimiento bajo la tutela de pueblos de Mesopotamia, que acabaron dando vida a una ciudad relativamente grande para su época.

Según el Antiguo Testamento, tras cruzar el Jordán y entrar en la Tierra Prometida, los israelitas destruyeron las murallas de Jericó al toque del "shofar" (cuerno de animal) y tras rodearla siete veces con sus ejércitos.

En siglos posteriores Jericó pasaría a manos de israelitas, persas, griegos, romanos, musulmanes y cruzados, dejando todos ellos imborrables huellas que hoy afloran por todos sus rincones.

Monte de las Tentaciones y Monasterio de San Jorge


Fuera del núcleo urbano de la actual Jericó, a menos de un kilómetro y en la ladera de una elevada montaña a la que los árabes llaman Jabel Quruntul —nombre que procede de la denominación de “Monte de la Cuarentena” que le dieron los cruzados— está el Monasterio de la Tentación, construido donde según los Evangelios Jesús pasó cuarenta días de ayuno y meditación enfrentándose a las tentaciones de Satanás.

Para subir al monasterio se toma un teleférico que recorre 1,350 metros hasta una plaza comercial con mirador y restaurantes a la mitad de la montaña.
En el recorrido del teleférico pasamos lentamente por encima de las ruinas de Tel es Sultán, las que de acuerdo con los estudios arqueológicos son más antiguas que las pirámides de Egipto, y son el único recuerdo de la Jericó de la Biblia.

A parrtir de la estación de llegada del teleférico se continúa subiendo a pie a través de una escalera serpenteante hasta la entrada del monasterio ortodoxo construido en el borde casi vertical de la montaña.

En el camino coincidimos con un grupo de nigerianos que no resistieron la tentación de vandalizar con con sus recuerdos los muros de piedra... 


"ESO ESTÁ MUY LEJOS..."
Al llegar a las puertas del monasterio lo encontramos cerrado, pero afortunadamente nuestro guía logró que un viejo monje ortodoxo nos abriera, y al enterarse de que íbamos desde México, dijo “Eso está muy lejos”, y nos permitió el paso...

En el interior del monasterio se respira espiritualidad y misticismo...
 




El silencio nos envuelve en un estrecho pasillo formado por las rocas de la montaña y los muros de las celdas construidas al borde del precipicio.
En el centro de ese recorrido se encuentra una cueva a la que sólo los religiosos tienen acceso, donde según la tradición permaneció Jesús durante cuarenta días, y donde según los Evangelios fue tentado por el Diablo.

Al final del pasillo llegamos a la capilla del monasterio, decorada con múltiples pinturas o iconos de Cristo, de la Vírgen María y de diversos santos, ya que la liturgia ortodoxa no permite figuras de bulto o esculturas.
La parte principal del templo es el iconostasio, que representa la parte más sagrada del conjunto.
La parte superior, la capilla está cubierta por una cúpula en la que se ve la figura de Dios Padre en todo su poder, por lo que a este tipo de imágenes se les conoce como pantocrátor.

A un lado del iconostasio se encuentra una estrecha escalera que lleva a otra pequeña capilla de construcción y decorado más reciente. En ésta se resguarda una enorme piedra sobre la que, según la tradición, Jesús oraba cuando fue tentado por el Demonio pidiéndole que se tirara al precipicio. En la cúpula que la cubre se halla pintado el pantocrátor de Cristo.





 
Para terminar la visita a este increíble Monasterio, entramos a una celda de los monjes y pudimos admirar el paisaje impresionante desde un balcón que parece suspendido en el aire.






Después regresamos a Jericó, bajamos las serpenteantes escaleras de piedra, tomando el teleférico en sentido inverso, y tras una opípara y deliciosa comida, nos preparamos para continuar nuestro viaje por estas tierras que guardan muchos misterios de la humanidad.

Hasta la próxima...

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