SEMBLANZA CURRICULAR

Mi foto
Nació en Cuerámaro, Guanajuato. Es DOCTOR EN ARQUITECTURA (2009), Maestro en Arquitectura (2000) y Arquitecto (1976), por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Miembro de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística; profesor de asignatura en Posgrado en Arquitectura (FA UNAM), coordinador y ponente de diplomados en la DECAD FA UNAM, profesor titular en la Universidad Marista campus Ciudad de México, profesor invitado de posgrado por la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), conferencista, aficionado a la pintura, la música, la historia y la literatura; viajero empedernido, autor de la monografía histórica "Cuerámaro... desde los muros de una hacienda" publicada en la edición especial de la Colección Bicentenario (2010), Gobierno del Estado de Guanajuato. Socio activo de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, y fundador y presidente de la SMGE Correspondiente en el Bajío de Guanajuato. Actualmente es Director de Integración de Planeación, Proyectos y Presupuesto, de la Dirección General de Obras y Conservación de la UNAM.

martes, 28 de febrero de 2017

CUERÁMARO... la historia recuperada (6)



¿CÓMO ERA LA HACIENDA DE CUERÁMARO DURANTE LOS SIGLOS XVI Y XVII...?

 

MEMORIA EN MOVIMIENTO

Han pasado más de 470 años desde que Juan de Villaseñor Orozco fundó su hacienda de Cuerámaro, en las Chichimecas, al norte del río Grande, y 159 desde que el licenciado Agapito de Anda estableciera la Congregación de Cuerámaro en el antiguo casco de la hacienda de Juan de Villaseñor, después de adquirirla de los padres camilos en 1858, al amparo de la doctrina liberal de la Ley Lerdo, según escritura de 5 de octubre de 1858, pasada ante Pablo Sánchez, notario del Distrito Federal.

En ese marco, en la década de 1940 don José Vicente Canchola Cortés, movido por el afán de rescatar y preservar la historia de la aún joven población de Cuerámaro, comenzó a escribir diversos artículos sobre el devenir de la hacienda, sustentando sus argumentos en evidencias de antiguas construcciones que aún existían en ese tiempo, pero desafortunadamente no tuvo la oportunidad de acceder a fuentes documentales que probaran sus hipótesis. Eso lo llevó al planteamiento de algunas conclusiones equivocadas, que hasta la fecha se siguen arrastrando y difundiendo.
Portada de los ejemplares de la revista Cuerámaro Guardián Forestal, que publicó José V. Canchola en 1949.
Uno de esos casos lo encontré en la publicación de la revista El Cronista Guanajuatense, Núm. 7, de julio de 2014, en el que se publica una breve reseña del Municipio de Cuerámaro, atribuida al señor Gonzalo Ramírez, pero que en realidad es copia de una parte del opúsculo Nacimiento y desarrollo de un pueblo: Cuerámaro, de José V. Canchola Cortés (1969), cuyo antecedente se encuentra en un artículo seriado que originalmente publicó el mismo señor Canchola en un Boletín Parroquial que difundía la Parroquia de Cuerámaro, y que más tarde transcribió también en su revista Cuerámaro, Guardián Forestal, entre los meses de agosto a diciembre de 1949.

En esas publicaciones, tanto las de Canchola como la atribuida a Ramírez, al referirse a la configuración y la evolución de la antigua hacienda de Cuerámaro, se lee lo siguiente:

Los primeros colonos edificaron una pequeña capilla en el lugar donde se encuentra actualmente la casa de comercio “Las Fabricas Nacionales” [Ramírez dice: en el lugar preciso donde se encontraba posteriormente (sic) la casa de comercio “las Fabricas Nacionales”], situada en la esquina del Jardín Doblado y Plaza Principal. Quedando por muchos años como vestigios de la referida Capilla, en el ángulo noroeste [Ramírez dice: Noreste] del establecimiento citado, un fuerte muro construido de cal y canto, el que servía de base a la torrecilla del campanario.

La primera casa de la extinta hacienda de Cuerámaro se edificó contigua a la capilla, al lado norte, y al opuesto, la primera casa de comercio.

En donde se encuentra el Jardín Doblado y la mayor parte de la manzana primera del Cuartel Primero en que está dividida la población, se estableció el primer cementerio, allí se principió a dar sepultura cristiana a los que morían.

LO QUE EL TIEMPO SE LLEVÓ


La casa comercial “Las Fábricas Nacionales” dejó de existir, y en su lugar se establecieron más tarde los comercios del señor J. Jesús Enríquez en la esquina de la Plaza Juárez y el jardín Manuel Doblado, con el nombre de “La Batalla”, tienda de abarrotes finos y vinos importados y del país, y agencia autorizada de la cervecería Cuauhtémoc. Al lado norte, con un pequeño aparador de por medio, también estableció una cantina, que por el interior se integraba y daba continuidad al comercio de abarrotes.
Después de la cantina comenzaba el portal donde estaba la tienda de don Isauro Negrete, llamado el “El Centro Mercantil”, un establecimiento en el que se encontraba “de todo un poco”, como se anunciaba en la revista del señor Canchola.

Ciertamente las construcciones en esa esquina tenían muros de más de 80 centímetros de espesor, pero no eran vestigios de una capilla, sino de una troje de la antigua hacienda, como también lo era el edificio donde estuvo la tienda "El Progreso" y la casa del señor José V. Canchola, donde antes estuvo el negocio fundado por la sociedad llamada “Canchola, Enríquez y Ayala”, en la esquina de la calle Juárez y lo que era entonces el jardín de Los Héroes, donde actualmente se encuentra el acceso al mercado.


Edificio que fuera una troje de la antigua hacienda de Cuerámaro, donde a principio del siglo pasado estuvo la tienda llamada "Canchola, Enríquez y Ayala, Negociaciones Unidas". Después allí se estableció "El Progreso" y la casa del señor José Vicente Canchola, hasta 1994. Actualmente sólo se conserva la esquina norte.
Anuncios de las casas comerciales que ocuparon los edificios de las trojes de la hacienda de Cuerámaro.

De acuerdo con documentos antiguos, sobre todo inventarios y actas de los recorridos de vista para dar posesión a sucesivos propietarios de la hacienda, así como por vestigios físicos existentes, podemos determinar con certeza que durante la segunda mitad del siglo XVI y XVII, la hacienda de Cuerámaro tendría una fisonomía como la que se presenta en la imagen de reconstrucción esquemática.


LA CASA PRINCIPAL


 La casa principal fue la primera construcción de la hacienda. Fue edificada por Juan de Villaseñor Orozco durante la década de 1540, al mismo tiempo que el molino viejo. Ocupaba la parte central del casco, frente a la plaza de la hacienda, en donde actualmente se encuentra el templo de Cristo Rey. De esa construcción, actualmente tan sólo se conservan los arcos del portal que daba a la plaza, por el oriente, los que han sido catalogados, al igual que la capilla, por el INAH.
 
El edificio de la casa era rectangular, con un patio central porticado con arcos y columnas de cantera similares a los de la entrada. Al pasillo porticado se abrían las puertas de las habitaciones y demás locales de la casa. Al ser demolido el edificio, en 1945, para construir el templo de Cristo Rey, los arcos, las columnas, los marcos de puertas, las ventanas y sus rejas, se reutilizaron en la construcción del edificio donde se estableció el Colegio Cristóbal Colón, a cargo de las madres carmelitas.

Interior del antiguo Colegio Cristóbal Colón, donde se reutilizaron las arcadas de la casa principal de la hacienda de Cuerámaro al ser demolida para construir el templo de Cristo Rey. (Fotos de J. F. Arriaga)
La fisonomía y distribución original de la casa principal de la hacienda de Cuerámaro debe haber sido muy similar a la de la hacienda de Tupátaro, en la que aún se conserva una buena parte de elementos, como la arcada del patio, en el que se ve la semejanza con los arcos que fueron transpuestos de la de Cuerámaro en el antiguo Colegio Cristóbal Colón.
Patio interior de la hacienda de Tupátaro, en donde se observa la semejanza de la arcada con la que s encuentra en el antiguo Colegio Cristóbal Colón. (Fotografía de Pepe Alcocer)

 LA CAPILLA


Poco tiempo después de la casa principal se construyó la capilla de la hacienda, al lado norte de la casa, donde terminaba el portal. En sus orígenes la capilla estaba techada con una bóveda plana de viguería, enladrillado y terrado, como toda la casa principal. Al lado poniente del altar mayor se construyó la sacristía, que se unía con la casa principal por medio de un estrecho pasillo.

A principios del siglo XVII se construyó la habitación del clérigo y otras dependencias donde actualmente se encuentran las oficinas parroquiales, mirando al sur de la plaza de la hacienda. Esta parte del conjunto de la hacienda fue demolida a mediados del siglo pasado para edificar las nuevas oficinas parroquiales.


Fotografías del conjunto de los edificios de la casa principal de la hacienda de Cuerámaro (que a finales del siglo XIX ocupó hacienda de Tres Villas), la capilla, la casa del clérigo y el panteón.
Atrás de la casa del clérigo se estableció el camposanto, donde actualmente es el atrio lateral de la capilla de San Francisco, al que se pasaba por la puerta lateral de la capilla, y desde el exterior por una puerta que se abre al oriente de la plaza.

LA PLAZA Y LAS TROJES


El conjunto de la hacienda se desarrolló alrededor de la plaza principal, a la que se accedía por cuatro puertas que daban a los cuatro vientos. El acceso principal era el del sur, por donde llegaba el camino de Pénjamo, pasando por las haciendas de Corralejo, San Gregorio y Tupátaro. Por la puerta norte se salía al camino de la Villa de León, por la del oriente hacia Irapuato, y la del poniente hacia el molino.

Al lado sur de la casa principal, al sur poniente de la plaza, se construyeron desde el siglo XVI dos trojes para almacenar granos. Poco tiempo después, en el siglo XVII, se construyeron dos trojes más al lado oriente de la plaza, frente a la casa principal y la capilla.

Fotografía de mediados del siglo pasado, en la que se ve una de las trojes que ocupó la tienda del señor José V. Canchola. Al fondo, la cúpula del templo de Cristo Rey, que se construyó en el lugar de la casa principal de la hacienda de Cuerámaro.
Fotografía de junio de 1964, en la que se ve una de las trojes que ocupó la tienda del señor José V. Canchola.
Entre la casa principal y las trojes del sur poniente de la plaza, se construyó la casa del mayordomo, la tienda y otras dependencias de la hacienda. Después de que se instituyó el municipio de Cuerámaro, todas estas construcciones funcionaron durante mucho tiempo como oficinas municipales, hasta que fueron demolidas en 1962, como parte de los trabajos de urbanización del pueblo, para construir el nuevo mercado.

Edificios de la antigua hacienda de Cuerámaro, demolidos en 1962, para construir el mercado.
 Alrededor de esos edificios y de la plaza de la hacienda se establecieron diferentes construcciones de menor importancia para almacenes, cocheras, corrales, caballerizas y habitaciones de los peones acasillados.


Por último, para entender la estructura y el funcionamiento de la hacienda, no se debe olvidar que desde su fundación, a mediados del siglo XVI, y hasta 1858, Cuerámaro fue una hacienda particular, no una congregación. Pero también hay que recordar que la Congregación de Cuerámaro, como veremos en otro artículo, surge de los muros de esa hacienda, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, teniendo sustento su fundación en las ideas liberales del licenciado AGAPITO DE ANDA

(CONTINUARÁ)

[Todos los artículos que se publican en este Blog Horario: consagrado a las horas, son de la autoría de Horacio Olmedo Canchola, y se publican como resultado de una investigación histórica independiente. Quedan reservados todos los derechos de autor y protegidos por las leyes nacionales e internacionales sobre el Derecho de Autor.]  

2 comentarios:

  1. Interesante la historia, me gustaría saber un poco de historia de las tres haciendas del Pueblo

    ResponderEliminar
  2. Me gustaría saber qué grupos religiosos han entrado a cueramaro en los ulúltim 50 años

    ResponderEliminar

Todos tus comentarios serán bienvenidos y serán transmitidos al autor del artículo comentado. Sólo te agradeceré guardar la cortesía y el respeto necesarios para la mejor convivencia.