SEMBLANZA CURRICULAR

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Nació en Cuerámaro, Guanajuato. DOCTOR EN ARQUITECTURA (2009), Maestro en Arquitectura (2000) y Arquitecto (1976), por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Profesor de asignatura en Posgrado en Arquitectura (FA UNAM), coordinador y ponente de diplomados en la DECAD FA UNAM, profesor titular en la Universidad Marista campus Ciudad de México, profesor invitado de posgrado por la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), conferencista, aficionado a la pintura, la música, la historia y la literatura; viajero empedernido, autor de la monografía histórica "Cuerámaro... desde los muros de una hacienda" publicada en la edición especial de la Colección Bicentenario (2010), Gobierno del Estado de Guanajuato,

jueves, 30 de agosto de 2012

ALGO SOBRE CUERÁMARO: El escudo cueramarense

(Éste artículo está basado en otro artículo de la serie publicada en la sección Editoriales del periódico Correo, de Guanajuato, el 3 de marzo de 2010)
Hace muchos años (tantos, que no recuerdo cuántos) asistí al museo de la Alhóndiga de Granaditas, en Guanajuato. Allí vi por primera vez, junto al de los demás municipios del estado de Guanajuato, la representación de un escudo inédito y totalmente desconocido que se le había asignado a Cuerámaro. Con curiosidad tomé un apunte del dibujo y luego hice una copia a la acuarela, la cual regalé a Gonzalo Ramírez, y ahora desconozco su pareadero.
Más tarde, en 1969, cuando mi abuelo --papá Pepe, como le decíamos con cariño todos sus nietos-- iba a publicar su monografía sobre Cuerámaro, me pidió que hiciera un nuevo dibujo del escudo, para su publicación. Fue entonces cuando hice el nuevo diseño y el dibujo del escudo cueramarense, basándome en el apunte que había tomado de la Alhóndiga, pero dándole un nuevo significado.
Ese nuevo escudo, con mi diseño, fue adoptado desde entonces como ESCUDO OFICIAL DEL MUNICIPIO DE CUERÁMARO.
El original del dibujo fue hecho en una cartulina blanca, con manguillo y tinta china negra, con la técnica de punta seca. Una vez terminado, recorté el óvalo y lo pegué sobre otra cartulina negra...
Desafortunadamente el original se perdió, pero fue publicado por primera vez en noviembre de 1969, en la monografía de José V. Canchola, y allí quedó la copia que ilustra esta entrada.
Al paso del tiempo, en las distintas administaciones municipales han hecho modificaciones que poco a poco lo han ido cambiado, coloreándolo según el gusto del mandatario en turno, del partido político, o conforme a las necesidades, como se ve enseguida:



 Copia del dibujo de 1969 y dos versiones posteriores que se han hecho del escudo original.





El señor Gonzalo Ramírez, escribió un artículo en el que dice:
"Recuerdo que próximo a celebrarse el primer centenario de haber sido nombrado nuestro pueblo municipio, el entonces niño, hoy dinámico profesionista Horacio Olmedo Canchola, vio la necesidad  de que Cuerámaro contara con una copia  de dicho escudo."
Y más adelante agrega:
"Siguió el tiempo su imperturbable marcha, y así la segunda semana de Enero del año de 1987, el ciudadano J. Carmen Garnica García, comisiono al C. Jesús Araujo y a un servidor de ustedes para que fuéramos al archivo histórico municipal de Irapuato, a entrevistar al señor Martiniano Arredondo Farfán director, cronista e historiador y a Don Jesús Félix Magaña historiador de grandes vuelos, originario de Cuerámaro, Gto., para que hicieran la interpretación de nuestro escudo y ellos bondadosamente aceptaron."
Hasta ahí todo iba bien, pero los supuestos comienzan cuando los consultados, con muy buena voluntad, dieron su personal, romántica y fantasiosa interpretación que el señor Ramírez tomó como dogma.

EL ESCUDO CUERAMARENSE

El escudo es un símbolo que identifica al territorio representado, a sus habitantes y a sus instituciones, reflejando también sus principales características y su historia.
El escudo de Cuerámaro se adoptó en 1969, al publicarse la monografía escrita por José V. Canchola, para conmemorar el centenario del municipio. El dibujo fue hecho por el autor de este artículo, adaptando un modelo que existía en el Museo de la Alhóndiga de Granaditas. Su diseño alude al topónimo, considerando sus acepciones de “lugar de ocotes” y “lugar de defensa”, así como al origen y características socio-culturales y productivas del municipio.

Escudo de Cuerámaro, en bronce, tomado del original de 1969. Este escudo se encuentra en el costado sur del dado del monumento a Zapata. El escudo y la estatua ecuestre son obra del escultor Víctor Gutiérrez, conforme al diseño de los arquitecetos Horacio Olmedo Canchola y Horacio A. Olmedo Ramírez, autores del monumento.

SIMBOLISMO

En lo que se refiere a “lugar de ocotes”, en el círculo central del escudo se representa un árbol curamu (ocote), y atrás de éste la silueta del cerro de Los Chiqueros, donde existió el primitivo Cuerámaro.
Sobre el significado de este elemento el señor Ramírez difundió una interpretación errónea y simplista:
“Y en el círculo de en medio se ven dos montañas que simbolizan el fuerte insurgente de los remedios, testigo mudo de tantos hechos heroicos y el fuerte  realista  de San Gregorio; en el centro un árbol  que significa el ahuehuete que se plantó la tarde del 27 de septiembre de 1921 para conmemorar el primer centenario de nuestra independencia  nacional. Un sol de la libertad que significa esa libertad que gozamos hasta el día de hoy, con amistad y la presencia de los antiguos pobladores que le dieron el nombre y renombre a nuestro terruño”.
Es claro que el señor Gonzalo Ramirez y señores los consultados desconocían que nunca hubo un fuerte realista de San Gregorio, sino solamante el fuerte insurgente de Los Remedios, que construyó y defendió el padre Torres.
Por otro lado, resulta obvia la simpleza de tal interpretación al decir que el árbol representa al ahuehuete que se plantó el 27 de septiembre de 1921, como si el acto conmemorativo fuera más importante que el hecho conmemorado. De ser ésa la razón, se hubieran dibujado dos árboles, puesto que en 1910 se había plantado otro ahuehuete para celebrar el primer centenario del Grito de Independencia.
Respecto a “lugar de defensa”, en el sector superior izquierdo del escudo se representan dos brazos en lucha, uno atacando con una macana y otro deteniendo al primero, en actitud de defensa. También sobre este elemento se ha difundido una interpretación errónea al suponer que “el brazo blanco sosteniendo al moreno que sujeta un mazo, simboliza la llegada de los españoles que impusieron la doctrina católica a los nativos”. Esta interpretación resulta ingenua: si el “brazo blanco” que defiende fuera de un español, tal actitud haría suponer que los dominados fueron los españoles en vez de los indígenas.
El señor Ramirez, dice textualmente:
"Se ven 2 manos una en forma agresiva y la otra en forma de defensa simboliza la raza indómita cueramarense, que solamente la conquisto la bondad y dulzura del dulce hijo de Francisco de Asís o sea los padres franciscanos."
En este caso, cabe aclarar que no había una raza cueramarense, y menos que en ningún momento el territorio cueramarense fue conquistado por los franciscanos, porque nunca estuvieron a cargo de su catequización. En realidad, el capitán Juan de Villaseñor Orozco, como propietario de la hacienda de San Francisco Cuerámaro y encomendero de Guango, mantenía un sacerdote que prestaba los servicios religiosos en la capilla de la hacienda.
Los sectores superior derecho e inferior izquierdo aluden al origen agrícola de Cuerámaro: la caña de maíz representa la fecundidad de la tierra en lo que se refiere al grano indígena (cultura del maíz); la gavilla, al español (cultura del trigo). Ambos sectores contrapuestos simbolizan el mestizaje agrario que se dio en la hacienda, y a la agricultura como base del municipio.
El señor Gonzalo Ramírez escribió:
"Superior-diestro: Lleva un radiante sol que vivifica un hermoso valle y a medio valle una gavilla de trigo que simboliza la abundancia de este cereal en nuestro municipio (los geógrafos antiguos dicen que creían tan grades los  trigales que un hombre a caballo que atravesaba un trigal no se miraba)"
"Inferior-siniestro: Lleva un campo sembrado y se ve en las cañas de maíz una más grande  que representa nuestras autoridades y las demás a todos y cada uno de los Cueramarenses  que somos netamente agrícolas."
El sector inferior derecho, con un libro abierto y una pala, simboliza al Cuerámaro moderno y el progreso alcanzado en el trabajo y la cultura, como ideal de sus habitantes.
El gorro frigio simboliza el espíritu liberal que dio origen a la congregación de Cuerámaro, en 1859. Por último, abajo, en una banda se lee “CUERÁMARO SIEMPRE FIEL”, que José V. Canchola explicó diciendo:
«Cuerámaro siempre fiel: fiel a su origen y tradiciones, al trabajo y la cultura; fiel a la libertad, a la gratitud y a las autoridades».
Por último, además de todas las discrepancias y suposiciones observadas, para rematar el artículo que escribió el señor Ramírez, dice:
"Y así es como el señor Martiniano Arredondo Farfán, director del archivo histórico municipal de Irapuato y el señor J. Jesús Félix Magaña, hicieron la interpretación del escudo de la muy noble leal y fiel  ciudad de Cuerámaro."
Sobre esto, es necesario aclarar que Cuerámaro NUNCA TUVO LA GRACIA DE TITULARSE "MUY NOBLE LEAL Y FIEL CIUDAD DE CUERÁMARO", por una simple razón: porque esa gracia era otorgada por el rey mediante cédula real, y Cuerámaro, durante todo el virreinato no fue ni pueblo ni villa ni ciudad, sino sólo una hacienda.
Horacio Olmedo Canchola (c)

[Este artículo está basado en el publicado el 3 de marzo de 2010, en el periódico Correo, Editoriales, Guanajuato, bajo el título de “El escudo cueramarense” Autor: Horacio Olmedo Canchola ©2010]

domingo, 19 de agosto de 2012

ALGO SOBRE CUERÁMARO: Conformación y desarrollo


Este es el sexto artículo de la serie ALGO SOBRE CUERÁMARO, publicado en la sección Editoriales del periódico Correo, de Guanajuato, el 12 de febrero de 2010.

Con estas tres fotografías, un recuerdo de LO QUE EL TIEMPO SE LLEVÓ...

Uno de los últmos actos políticos en el Cuerámaro de 1961, en lo que era la cancha de basket-bol, atrás de la columna de D. Benito Juárez. Destaca en esta foto la "Ola Marina", uno de las diversiones más gustadas de las fiestas del pueblo.


Dos fotografías del Cuerámaro de la primera mitad del siglo XX. En ambas se ve la columna de D. Benito Juárez, lo que fuera el centro cívico del pueblo. En la foto inferior se ve una Jazz Band-Orchestra, en la celebración de un 21 de marzo. Obsérvese que en ésta no existían todavía los seis postes que redeaban al monumento, para colocar la iluminación, que nunca funcionó. Destaca también en ésta la marcial presencia de un guardia de los Rurales.


CONFORMACIÓN Y DESARROLLO

La ciudad es reflejo de la idiosincrasia, la cultura, el respeto y el cariño de sus habitantes. Dar forma a la ciudad, conservarla y preservarla, aunque también modificarla cuando sea necesario, constituye una responsabilidad ineludible de las autoridades; pero también una obligación de sus habitantes.

CUERÁMARO permaneció durante más de 300 años como hacienda, en manos de distintos propietarios que fueron realizando diversas obras para satisfacer sus intereses. En 1858 nació a la “vida urbana” en la congregación fundada por Agapito de Anda. En ésa, según su fundador, se avecindaron multitud de personas, principalmente compradores de fracciones de hasta cincuenta pesos, y todos los antiguos sirvientes y jornaleros de la hacienda, que hasta entonces habían permanecido como peones acasillados.

Los primeros años de la congregación no fueron fáciles, en medio de la turbulencia generada por la Guerra de Reforma (1857-1861). Hacia 1863, sin embargo, ya se habían enajenado casi todos los terrenos de la hacienda, aunque todavía no se reconocía su nueva condición política, como se observa en un comunicado de Rincón Gallardo a Benito Juárez, en el que le notifica que el 11 de mayo de 1864 tomó posesión del Gobierno y Comandancia militar de Guanajuato en la hacienda de Cuerámaro. Finalmente, a escasos diez años de su fundación, el 12 de noviembre de 1869, fue erigido el municipio de Cuerámaro, teniendo como cabecera el pueblo de Cuerámaro de Degollado.

Durante las primeras décadas, los habitantes del nuevo pueblo se dedicaron a su conformación urbana. Los aspectos prioritarios fueron la construcción de sus viviendas, la organización política, fiscal y social, así como la dotación de los indispensables servicios para mejorar las condiciones del pueblo.

Hacia 1883, de acuerdo con información de distintas actas del Ayuntamiento, ya se había establecido el jardín y se había comenzado el empedrado de las calles y la plaza; más tarde se construyeron los puentes sobre la acequia, para permitir el paso de las calles principales. En la plaza se concentraron las “chimoleras”, los despachos de carnicerías y puestos de diversos productos, en tenderetes y tendajos de madera.

En lo social, político y administrativo, en diversas actas del Ayuntamiento también se encuentra información sobre su organización y la designación de cargos públicos, contribuciones, la formación de una orquesta, la designación de comisiones y la organización de festividades conmemorativas. Llaman la atención dos asuntos curiosos: uno que se refieren a la prohibición del uso de calzones de manta por parte de la población, y otro relativo al uso de la moneda de níquel, cuya circulación no se aceptaba en el comercio local.

Después, durante algo más de medio siglo, el pueblo se sumió en un letargo en el que parecía detenido el tiempo. Poco sucedía, y menos cambiaba en su gente... Hasta 1962, cuando Juan José Torres Landa detonó la consolidación urbana, con la que también sobrevino una irreversible pérdida de identidad.

[Publicado el 12 de febrero de 2010, en el periódico Correo, Editoriales, Guanajuato, bajo el título de “Conformación y desarrollo” © Horacio Olmedo Canchola 2010]

domingo, 12 de agosto de 2012

ALGO SOBRE CUERÁMARO: Mitos y leyendas


Este es el quinto artículo de la serie publicada en el periódico Correo, de Guanajuato en la columna que denominé Algo sobre Cuerámaro. Este artículo surgió a partir de una plártica con un joven cueramarense que sostenía que Cuerámaro debía ser reconocido com un pueblo mágico, porque por sus mitos y leyendas lo es.

Galera Vieja. Una de las construcciones del siglo XVI, cuando era la hacienda de San Francisco Cuerámaro, de las que más ha atraído a los buscadores de tesoros, y alrededor de la cual se han armado diversas leyendas y mitos.

MITOS Y LEYENDAS


En todas las culturas, cuando el hombre busca encontrarse con un pasado desconocido, la imaginación inventa historias para recrearlo. De esa manera, los mitos y leyendas, como puentes entre la razón y la intuición, dan vida a dioses, héroes y villanos; inventa sucesos y seres maravillosos, mágicos o tenebrosos, que a través del tiempo van llenando en la memoria colectiva los espacios vacíos de casas viejas, caminos y calles.
Cuerámaro no es la excepción.
Esta insignificante partícula del planeta acaba de cumplir 150 años de vida urbana. Un suspiro en el tiempo, un instante que abarca apenas cinco generaciones de cueramarenses. En ese lapso se han creado leyendas locales, pero también, en su mayoría, se han adoptado y adaptado otras que la memoria cultural ha preservado.
¿Es pueblo mágico?
Cuerámaro nació como hacienda agrícola en el siglo XVI, y se conservó como tal por más de 300 años, durante los cuales se realizó la construcción de la casa de la hacienda y la capilla, los molinos, las galeras, la presa, el acueducto y la acequia. Al principio de esa época se ubica el origen de la leyenda de “la llorona” y la de “los niños emparedados”, ambas historias también presentes en gran parte del país, aunque con variantes.
Ya en su vida urbana, durante el último tercio del siglo XIX, surgen en Cuerámaro diversas leyendas locales sobre apariciones y tesoros de los padres camilos, propietarios de la hacienda durante la última centuria de ese periodo. Además de ésas historias, y sin poder precisar una época específica para su origen, circulan entre los cueramarenses otras leyendas como las de “el caballito de San Gregorio”, “los brujos de Tupátaro”, “el cerrito de San Miguel” y la del “gallo-mujer” que se le apareció a Néstor Martínez, velador del vecindario durante muchos años, para llevarlo al cementerio en las afueras del pueblo.
Actualmente abundan en Cuerámaro relatos modernos sobre apariciones de fantasmas y demonios, de animales y de bellas mujeres; algunos con mucha imaginación y poesía, otros demasiado burdos y prosaicos. Muchos son adopciones o interpretaciones de historias antiguas y de relatos escuchados en algún lado. ¿Pero quién no ha inventado alguna historia —mientras más inverosímil mejor— para impresionar a los amigos?
La mitología y las leyendas, sin duda, son manifestaciones poéticas de la cultura; pero tales manifestaciones no dan la característica de “mágico” a ningún pueblo. Un Pueblo Mágico es una localidad que ha estado siempre en el imaginario colectivo, que tiene antigüedad, tradiciones y atributos simbólicos, leyendas, historia, hechos trascendentes, identidad urbana, cotidianeidad y magia que emana en cada una de sus manifestaciones socio-culturales.
Cuerámaro es apenas un “niño” de 150 años que no ha podido alcanzar todos esos atributos. Pero la magia de Cuerámaro no está en sus calles ni en sus construcciones: está en la imaginación, en la añoranza y en el cariño de los cueramarenses.

[Publicado el 21 de enero de 2010, en el periódico Correo, Editoriales, Guanajuato, bajo el título de “Mitos y leyendas” Horacio Olmedo Canchola (c)]

sábado, 4 de agosto de 2012

ALGO SOBRE CUERÁMARO: Un tal Queesuchegua

Memoria en movimiento

El siguiente artículo tiene su origen en el cuarto de una serie de 20 que hace tiempo publiqué en la sección Editoriales del periódico Correo, de Guanajuato, en una columna denominada "Algo sobre Cuerámaro". El artículo apareció en la edición del 17 de diciembre de 2009.
En particular, este tema resulta curioso porque evidencia una práctica de falsificación que parece que fue común y tuvo éxito a mediados del siglo XVIII en la Nueva España.

 

Traslado de la supuesta cédula al tal Queesuchegua y portada del libro Cuerámaro... desde los muros de una hacienda, de Horacio Olmedo Canchola, segunda edición, 2010.

La imagen del lado izquierdo corresponde a una copia de un documento que se encuentra en el el volumen 3033 del Ramo de Tierras, en el Archivo General de la Nación (AGN), en el que se traslada la supuesta cédula al tal Queesuchegua, fechado en 1822, como parte de un pleito por tierras.
La otra imagen es la portada de la segunda edición de mi libro Cuerámaro... desde los muros de una hacienda, publicado en la Colección Monografías Municipales de Guanajuato (2010). Como se puede observar, en el diseño de la portada del libro se tomó como fondo el primer documento, porque a quien se encargó del diseño gráfico, sin preguntar ni conocer lo que se refiere en el libro respecto al documento, quizás le pareció curioso el documento o supuso que la "real cédula" fundamentaba la historia colonial de Cuerámaro.
Si bien es cierto que la supuesta cédula ha dado origen a una arraigada tradición en varios pueblos, la realidad es otra, como planteamos enseguida, aunque varios autores y autoridades --"porque la costumbre hace ley"-- continúan dando valor fundacional al documento, sin explicar su verdadero significado. 

 

Lo que el tiempo confundió

UN TAL QUEESUCHEGUA


Según información difundida desde mediados del siglo XIX, varios pueblos del Bajío guanajuatense comparten una misma fuente documental como sustento de fundación o antecedente de su colonización, específicamente Pénjamo, Huanímaro, Abasolo y Cuerámaro. El documento común, se supone, es una Real Cédula fechada el 12 de agosto de 1532, la cual --se dice-- fue otorgada por Carlos V a Diego Tomás Qeesuchegua (Quesuchigua).
En esa supuesta cédula, el monarca mercedaba un extensísimo territorio para la fundación de “su pueblo de Pénjamo”, y le concedía muchas otras gracias para él y sus nobles.

Los hechos históricos, sin embargo, indican otra cosa, y eso lleva a pensar que el documento es un título apócrifo.

Son muchas las inconsistencias y anacronismos que invalidan la autenticidad del documento difundido por primera vez por el canónigo José Guadalupe Romero en “Documentos de Guanajuato (Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, 1863), y posteriormente por el doctor Nicolás León en "Anales del Museo de Michoacán", en 1889.
Se dice que José Guadalupe Romero conoció en 1830 la cédula que guardaba el indígena José María Ambrosio Duarte, de la  que se sacó una copia por disposición del señor D. Benigno Bustamante, vicegobernador del estado de Guanajuato.

Entre las inconsistencias, incongruencias o anacronismos de mayor peso, se pueden citar las siguientes:
  • Menciona a la villa de León, que fue fundada conforme a la orden del virrey Enriquez de Almanza, fechada el 12 de diciembre de 1575, cuya ceremonia de fundación se realizó el 20 de enero de 1576, es decir 43 años después de la fecha de la supuesta cédula.
  • El documento no menciona la localización de las diez mil varas de tierra por los cuatro vientos, mercedadas para la fundación del pueblo, contrariamente a lo que se hacía en el texto de las mercedes, aunque fuera de manera general, refiriéndose a un hito geográfico.
  • Otorga el título "universal, singular y honroso, o lucrativo como de cosa vuestra" de "Don Diego Tomás Queesuchegua", para él y sus herederos, nombrándolo "Capitán, Conquistador, Poblador y Fundador de ese Pueblo del Seráfico Señor San Francisco de Pénjamo, y Descubridor de las Salinas de Santa María del Nuevo Reyno de Galicia..." Independientemente de lo inusual del nombramiento, las Salinas de Santa María no fueron descubiertas hasta después de 1546, como resultado del descubrimiento y explotación de las minas de Zacatecas.
  • Se cita al virreinato que no había sido establecido y a un virrey, don Luis de Velasco, que comenzó a gobernar en noviembre de 1550.
  • Se afirma en el documento que el propio virrey don Luis de Velasco, en persona, hizo las diligencias de vista y reconocimiento de los terrenos que se otorgaban a Queesuchegua, cuando ningún virrey acudió a ese tipo de diligencias.
  • Se cita al "pueblo de San Pedro Queramaro" (sic pro Cuerámaro), que aún no existía ni como hacienda, y mucho menos como pueblo llamado "San Pedro Queramaro". 
 Algunos autores han sugerido que la fecha de 1532 podría ser una confusión de la grafía al hacer los traslados, y que bien podría tratarse de 1552, con lo que ciertamente quedaría el año del documento en el periodo del virrey Luis de Velasco (primero), pero no con la fundación de la villa de León, o 1592 para emparejarse con la fundación de esa villa y con el gobierno del segundo Luis de Velasco, pero ya no con el del monarca, quien reinó como Carlos I hasta 1556, y como Carlos V hasta 1558.

De lo anterior, surge una pregunta obligada:

¿Cuál fue el origen de la supuesta cédula?

A partir del siglo XVII fueron frecuentes en la Nueva España los litigios entre los estancieros españoles y los naturales, por la ocupación de tierras que éstos consideraban de sus antepasados desde tiempos inmemoriales. Como en todo litigio, para los alegatos era indispensable la presentación de los títulos de propiedad de las partes en conflicto.
Es probable que en ese contexto fuera elaborado artificiosamente el documento de la cédula de 1532, para ser presentada como documento probatorio en algún pleito de los naturales de Pénjamo con los estancieros de la región.
En el Ramo de Tierras, volumen 3033, del Archivo General de la Nación se conserva el “testimonio de una copia” de la supuesta cédula, anterior a la de Romero, en cuya carátula se anota 1822 como año del traslado, que fue presentada como prueba en un pleito por terrenos.


¿Quién fue el artífice de la cédula apócrifa?

Además de la supuesta cédula a favor de Qeesuchegua, circularon en la Nueva España muchos otros documentos falsos, cédulas reales y mercedes apócrifas que corresponden a distintos individuos y pueblos (una es la de Irapuato, por ejemplo).
La mayoría de esos documentos parecen ser contemporáneos (mediados del siglo XVIII) y con la misma estructura literaria, por lo que han llamado la atención de los estudiosos. Uno de estos, Alberto Carrillo Cázares (El Colegio de Michoacán), con base en acuciosas investigaciones sobre el tema, ha identificado como el “ingenioso escribano”, autor de muchos de esos títulos, a un indio llamado N. Villegas, conocido con el mote de “Chiquisnaquis”, quien de acuerdo con testimonios documentados de la época redactaba por sí mismo los títulos, tomando como fuente de información el simple dicho de sus clientes.
Según los testigos de la época, Chiquisnaquis era “un indio falsario que no sólo engañó con este género de títulos a los naturales referidos sino a otros de la jurisdicción y algunos dueños de estancias”.

Tal parece ser el origen de la supuesta cédula que se sigue considerando como antecedente fundamental de Pénjamo, de Cuerámaro y de otros pueblos.

Para concluir simplemente recurdo lo que escribió Juan de Dios Peza en su poesía "Post umbra":
"Testigos que al papel lleva la mano, el tiempo los descubre y los publica..."