SEMBLANZA CURRICULAR

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Nació en Cuerámaro, Guanajuato. Es DOCTOR EN ARQUITECTURA (2009), Maestro en Arquitectura (2000) y Arquitecto (1976), por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Socio activo de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística (SMGE), y fundador y presidente de la SMGE Correspondiente en el Bajío de Guanajuato. Profesor de asignatura en Posgrado en Arquitectura (FA UNAM), coordinador y ponente de diplomados en la DECAD FA UNAM. Ha sido profesor titular en la Universidad Marista campus Ciudad de México; profesor invitado en posgrado de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC); conferencista, aficionado a la pintura, la música, la historia y la literatura; viajero empedernido, autor de la monografía histórica "Cuerámaro... desde los muros de una hacienda" publicada en la edición especial de la Colección Bicentenario (2010) por el Gobierno del Estado de Guanajuato. Hasta el 30 de septiembre de 2025, fue Director de Integración de Planeación, Proyectos y Presupuesto, de la Dirección General de Obras y Conservación de la UNAM.

miércoles, 19 de julio de 2017

HACE DOSCIENTOS AÑOS... (2)


EL PRINCIPIO DEL FIN DE LOS FUERTES DE EL SOMBRERO Y LOS REMEDIOS


Virrey Juan Ruiz de Apodaca
El virrey Juan Ruiz de Apodaca se había mantenido informado sobre los preparativos de la Expedición de Xavier Mina, gracias a una red de espionaje encabezada en Estados Unidos por el ministro español Luis de Onis, aunque muchos de los informes que recibía eran supuestos. Finalmente, al enterarse del desembarco de la Expedición en Soto la Marina, encargó al brigadier Joaquín de Arredondo, comandante general de las Provincias Internas de Oriente, la persecución de Mina, con la orden de tratar bien a los expedicionarios que voluntariamente lo abandonaran, y de “pasar a cuchillo a todos los demás, como traidores al rey y enemigos públicos”.
Arredondo hizo muy poco para enfrentar a Mina, y éste tuvo tiempo de construir en soto la Marina un fuerte que dejó al mando del mayor José Sardá. Al quedar terminado el fuerte, Mina se encaminó al interior del país con intención de encontrar a los insurgentes del Bajío.
Además de Sardá, el comandante de artillería y el auditor de guerra encargado de la imprenta (el doctor Joaquín Infante, natural de la Habana), el vicario general de la División, Servando Teresa de Mier, fue uno de los que tuvo que quedarse en el fuerte por órdenes de Mina.
Mier informa que aunque él se empeñó en acompañarlo, Mina se obstinó en dejarlo, prometiendo “volver dentro de dos meses, tiempo en que el fuerte podría sostenerse”. Y agrega: “En vano le representé que en distancias tan grandes como las de nuestra América, y envuelto por la multitud de enemigos, nunca podría volver, y que el fuerte, aun cuando el enemigo nos diese tiempo de acabarlo, era indefensable”. En efecto, el fuerte de Soto la Marina fue arrasado por los realistas apenas dos semanas después de la salida de Xavier Mina.
En tanto, al  conocer el virrey la noticia de que la División había logrado llegar al fuerte El Sombrero, encargó su persecución al teniente coronel Felipe Castañón, bajo las órdenes del coronel Cristóbal Ordóñez, comandante militar de la provincia de Guanajuato.
El primero y único encuentro de Castañón y Ordoñez con las tropas insurgentes de Mina, Moreno y Encarnación Ortiz, se dio apenas cuatro días después, el 28 de junio, en San Juan de los Llanos (rancho del Terrero, como lo nombra Moreno en su parte a la Junta de Jaujilla, o Campo los Arrastres, como dice Noboa en su informe). La batalla se decidió a favor de los insurgentes en una rápida acción en la que cayeron Castañón y Ordóñez. Al día siguiente, Mina envió al padre Torres el parte militar de las acciones, en el que le informa que la fuerza de los realistas había estado compuesta por aproximadamente 600 hombres.[1]
Pascual de Liñán
Después de la derrota sufrida por los realistas en San Juan de los Llanos y temiendo la llegada de más fuerzas extranjeras que supuestamente venían como parte de la Expedición encabezada por Mina, el virrey Ruiz de Apodaca decidió enviar en contra de los insurgentes del Bajío al recién llegado mariscal Pascual de Liñán, con todas las tropas disponibles de Guanajuato, Nueva Galicia y Valladolid. Liñán se dispuso a cumplir su encargo con la convicción de que “la suerte del virreinato iba a decidirse en los fuertes de Comanja y de San Gregorio”, como escribió Mariano Torrente.
Al mismo tiempo, en el lado de los insurgentes, alentados por el triunfo alcanzado en San Juan de los Llanos, Mina y Moreno decidieron salir del fuerte con las fuerzas de Encarnación Ortiz (el Pachón), con la intención de atacar la hacienda de Jaral del Berrio, propiedad del marqués Juan N. de Moncada. Pero el marqués, fue avisado oportunamente y logró huir con su gente antes del ataque, dejando abandonada la finca. En esas condiciones y sin resistencia alguna, el 7 de julio se efectuó fácilmente la ocupación de la hacienda, lo que les redituó grandes beneficios económicos pues, informados por un peón de la finca, pudieron hacerse de un cuantioso tesoro que el marqués había enterrado en una habitación de la hacienda.
Mientras tanto, la Junta de Jaujilla había comisionado e instruido al doctor José de San Martín, vocal del Gobierno, para que acudiera al Sombrero con el fin de “cumplimentar a Mina, felicitar a su oficialidad y tratar asuntos interesantes al bien de la Patria”.
El doctor José de San Martín salió de Jaujilla el 29 de junio, acompañado por un secretario, un capellán, ocho oficiales y de otros individuos. A tres leguas de la fortaleza de Los Remedios fue recibido por el teniente general José Antonio Torres, con una escolta de ciento cincuenta dragones. La comitiva entró al fuerte de Los Remedios la tarde del primero de julio, donde fue recibido el gobernante con los honores militares y el correspondiente saludo de artillería. Allí permaneció la comitiva durante una semana.
El 7 de julio salieron de Los Remedios el doctor San Martín y el padre Torres con una numerosa comitiva de oficialidad y trescientos dragones. Llegaron al Sombrero el día 8, pero no encontraron a Mina ni a Moreno, porque habían ido al ataque al Jaral.
Hacienda de jaral del Berrio

NOTA: Este artículo es un fragmento del libro inédito "Resistencia insurgente en el Bajío (1813-1818), de Horacio Olmedo Canchola. Reservados todos los Derechos. Queda prohibida su difusión, copia o almacenamiento sin autorización expresa del Autor.



[1]  Como en muchos otros episodios escritos en Memorias de la Revolución Mexicana, William D. Robinson da intencionada y tendenciosamente una versión diferente de los hechos, presentándolos con errores e inconsistencias que Juan E. Hernández y Dávalos señaló acertadamente a la luz del documento de Mina.

domingo, 9 de julio de 2017

MEMORIA DE MIS ANDARES...



Quiero comenzar esta serie de narraciones sobre las memorias de mis andares, no en forma cronológica o secuencial como fueron realizados los viajes, sino precisamente en la ciudad considerada la más antigua siempre habitada del planeta: Jericó, en Palestina, que tuve la dicha de conocer en diciembre de 2014 como parte de un recorrido inolvidable... 

Jericó


Una mancha verde en medio del amarillento desierto... Así se ve Jericó, la ciudad siempre habitada más antigua de la Tierra, con más de 10,000 años de historia, y la más baja del planeta, a 260 metros bajo el nivel del mar.

La ciudad se localiza aproximadamente a 7 kilómetros al oeste del río Jordán, a 30 al este de Jerusalén y a 10 al norte del Mar Muerto.


En la Biblia se le describe como la "ciudad de las palmeras" por la profusión de estos árboles y la fama de sus exquisitos dátiles.

Sus primeros pobladores conocidos pertenecían a una cultura anterior al 9,000 a.C., a la que siguieron diversas tribus en distintas épocas. Desde entonces y hasta el primer milenio antes de Cristo, la ciudad tuvo distintas épocas de florecimiento bajo la tutela de pueblos de Mesopotamia, que acabaron dando vida a una ciudad relativamente grande para su época.

Según el Antiguo Testamento, tras cruzar el Jordán y entrar en la Tierra Prometida, los israelitas destruyeron las murallas de Jericó al toque del "shofar" (cuerno de animal) y tras rodearla siete veces con sus ejércitos.

En siglos posteriores Jericó pasaría a manos de israelitas, persas, griegos, romanos, musulmanes y cruzados, dejando todos ellos imborrables huellas que hoy afloran por todos sus rincones.

Monte de las Tentaciones y Monasterio de San Jorge


Fuera del núcleo urbano de la actual Jericó, a menos de un kilómetro y en la ladera de una elevada montaña a la que los árabes llaman Jabel Quruntul —nombre que procede de la denominación de “Monte de la Cuarentena” que le dieron los cruzados— está el Monasterio de la Tentación, construido donde según los Evangelios Jesús pasó cuarenta días de ayuno y meditación enfrentándose a las tentaciones de Satanás.

Para subir al monasterio se toma un teleférico que recorre 1,350 metros hasta una plaza comercial con mirador y restaurantes a la mitad de la montaña.
En el recorrido del teleférico pasamos lentamente por encima de las ruinas de Tel es Sultán, las que de acuerdo con los estudios arqueológicos son más antiguas que las pirámides de Egipto, y son el único recuerdo de la Jericó de la Biblia.

A parrtir de la estación de llegada del teleférico se continúa subiendo a pie a través de una escalera serpenteante hasta la entrada del monasterio ortodoxo construido en el borde casi vertical de la montaña.

En el camino coincidimos con un grupo de nigerianos que no resistieron la tentación de vandalizar con con sus recuerdos los muros de piedra... 


"ESO ESTÁ MUY LEJOS..."
Al llegar a las puertas del monasterio lo encontramos cerrado, pero afortunadamente nuestro guía logró que un viejo monje ortodoxo nos abriera, y al enterarse de que íbamos desde México, dijo “Eso está muy lejos”, y nos permitió el paso...

En el interior del monasterio se respira espiritualidad y misticismo...
 




El silencio nos envuelve en un estrecho pasillo formado por las rocas de la montaña y los muros de las celdas construidas al borde del precipicio.
En el centro de ese recorrido se encuentra una cueva a la que sólo los religiosos tienen acceso, donde según la tradición permaneció Jesús durante cuarenta días, y donde según los Evangelios fue tentado por el Diablo.

Al final del pasillo llegamos a la capilla del monasterio, decorada con múltiples pinturas o iconos de Cristo, de la Vírgen María y de diversos santos, ya que la liturgia ortodoxa no permite figuras de bulto o esculturas.
La parte principal del templo es el iconostasio, que representa la parte más sagrada del conjunto.
La parte superior, la capilla está cubierta por una cúpula en la que se ve la figura de Dios Padre en todo su poder, por lo que a este tipo de imágenes se les conoce como pantocrátor.

A un lado del iconostasio se encuentra una estrecha escalera que lleva a otra pequeña capilla de construcción y decorado más reciente. En ésta se resguarda una enorme piedra sobre la que, según la tradición, Jesús oraba cuando fue tentado por el Demonio pidiéndole que se tirara al precipicio. En la cúpula que la cubre se halla pintado el pantocrátor de Cristo.





 
Para terminar la visita a este increíble Monasterio, entramos a una celda de los monjes y pudimos admirar el paisaje impresionante desde un balcón que parece suspendido en el aire.






Después regresamos a Jericó, bajamos las serpenteantes escaleras de piedra, tomando el teleférico en sentido inverso, y tras una opípara y deliciosa comida, nos preparamos para continuar nuestro viaje por estas tierras que guardan muchos misterios de la humanidad.

Hasta la próxima...