SEMBLANZA CURRICULAR

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Nació en Cuerámaro, Guanajuato. DOCTOR EN ARQUITECTURA (2009), Maestro en Arquitectura (2000) y Arquitecto (1976), por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Profesor de asignatura en Posgrado en Arquitectura (FA UNAM), coordinador y ponente de diplomados en la DECAD FA UNAM, profesor titular en la Universidad Marista campus Ciudad de México, profesor invitado de posgrado por la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), conferencista, aficionado a la pintura, la música, la historia y la literatura; viajero empedernido, autor de la monografía histórica "Cuerámaro... desde los muros de una hacienda" publicada en la edición especial de la Colección Bicentenario (2010), Gobierno del Estado de Guanajuato,

martes, 1 de agosto de 2017

HACE DOSCIENTOS AÑOS... (4)


31 de julio de 1817

COMIENZA EL SITIO AL FUERTE DEL SOMBRERO


Después de que el doctor José de San Martín y el teniente general José Antonio Torres dejaron la fortaleza de El Sombrero para regresar uno a Jaujilla y el otro a Los Remedios, Xavier Mina, ya con oficio de mariscal de campo (mismo rango que tenía Pedro Moreno), decidió quedarse en el fuerte con sus expedicionarios, pese al ofrecimiento que le hizo el padre Torres para que él y su División se alojaran en Los Remedios.

James A. Brush, oficial inglés que acompañó a Mina y estaba en El Sombrero, dice que no es fácil comprender los motivos por los que Mina rehusó la propuesta de Torres, teniendo en cuenta que el fuerte de Los Remedios era una fortificación infinitamente más segura y cómoda que el fuerte del Sombrero.


Vista del Fuerte El Sombrero
Por otro lado, J. M. Webb, oficial norteamericano que también estaba en El Sombrero, dice que los oficiales de la División le manifestaron a Mina la necesidad de dejar el fuerte, pues estaba desprovisto de agua y provisiones. Pero “Mina estaba alucinado y engañado por Pedro Moreno, que le decía [que] no tenía peligro alguno de permanecer, que si el Sr. Liñán avanzaba y atacaba a pocos días se vería precisado a levantar el sitio”. Y luego aclara:

Nosotros respondimos a Mina si creía que el Sr. Liñán era un loco. Mina respondió que no, todo lo contrario, pues conocía al Sr. Liñán, pero que éste tampoco era un oficial experimentado. Le hicimos ver que no se requerían talentos ni experiencia para reducir aquel fuerte, pues todo lo que se necesitaba era sitiarlo, pues al cabo de algún tiempo nosotros mismos nos pondríamos en manos del enemigo mediante la falta de agua y provisiones. Mas a todo esto Mina no hizo la menor atención. Parecía poseído de un espíritu engañoso que fue la destrucción de su División y de él mismo.

Plano del sitio al Fuerte El Sombrero (RAHE. Colección Ruiz de Apodaca)

Mina se sentía confiado por los éxitos obtenidos hasta ese momento, y decidió atacar a la villa de León, la noche del 23 de julio, con tropas de Pedro Moreno, la guardia de honor y el regimiento de la Unión. El ataque fue repelido por los realistas al mando del brigadier Pedro Celestino Negrete y derivó en un rotundo fracaso para los insurgentes, que dejó la pérdida de más de 100 hombres, entre otros, el coronel Matisse, el ayudante militar de Mina y un sirviente negro que lo había acompañado desde Haití.

La derrota en esa acción, que muchos autores califican de imprudente por la inminente llegada de Liñán con el ejército realista, significó el rompimiento del aura de invencibilidad que se había creado alrededor de Mina, y el comienzo de sucesivos reveses que terminarían con la captura y muerte de Mina.

Por el lado de los realistas, como era previsible, siguiendo las instrucciones del virrey, Pascual de Liñán llegó a León el 30 de julio, y  se presentó frente al Sombrero la mañana del 31 de julio de 1817 con más de tres mil quinientos hombres. Su estrategia consistía en dividir el ejército en cuatro secciones: tres para sitiar el fuerte, y otra, con mil hombres al mando de Juan Rafols, que correría entre León, Silao y Guanajuato para vigilar y neutralizar los movimientos del padre Torres y evitar cualquier tipo de auxilio al fuerte.

No obstante, poco antes de la llegada de Liñán, el 27 de julio, por instrucciones del padre Torres, el comandante insurgente Miguel Borja logró entrar al Sombrero con 200 hombres y un convoy de víveres.

En un oficio de fecha 31 de agosto enviado al Ministro de Guerra, el virrey Juan Ruiz de Apodaca da cuenta de lo anterior, de la siguiente manera:

Llegado a la villa de León el mariscal de campo Don Pascual de Liñán el día 30 del propio mes, y reuniendo allí las tropas auxiliares de la nueva Galicia, y las demás de que podía disponer, marchó al día siguiente a situarse sobre la fortificación que el rebelde Pedro Moreno había construido en la sierra de Comanja, provincia de Guanajuato, donde se habían encerrado, además de dicho cabecilla, el traidor Mina con los restos de extranjeros y malos españoles que desembarcaron con él en Soto la Marina, los bandidos Borja, Ortiz, González y otros del Bajío con sus gavillas, componiendo por todo el número de 600 a 700 hombres bien provistos de armas y municiones, con 20 piezas de artillería.

La expresada fortificación, así por lo escarpado y casi inaccesible del cerro del Sombrero en que estaba situada […] como por las obras de defensa que los rebeldes habían construido, y calidad de sus defensores, presentaba grandes obstáculos para su rendición, y daba a los malvados la mayor confianza de sostenerla, y rechazar los ataques de las tropas del Rey nuestro Señor; contando también con los esfuerzos que según plan combinado entre ellos debía hacer el clérigo apóstata Josef Antonio Torres, titulado comandante general de la provincia de Guanajuato, que dispone de las numerosas gavillas que existen en aquel distrito, para incomodar a los sitiadores, e introducir víveres y demás auxilios en posición enemiga, llamando al mismo tiempo la atención por diversos puntos.

A pesar de estos inconvenientes, y de los que opone la rigurosa estación de aguas, que son muy abundantes en aquella serranía, el general Liñán, dividiendo las tropas de la división de su cargo en tres secciones, la primera a sus inmediatas órdenes, en que se hallaba el coronel del regimiento de Zaragoza brigadier D. Domingo Loaces; la segunda a las del brigadier D. Pedro Celestino Negrete, y la tercera a las del coronel Josef Ruiz, que los es el batallón de Navarra, las situó en puntos convenientes, estableciendo puestos de infantería y caballería para impedir las salidas de los sitiados, no permitirles que tomasen agua en las barrancas inmediatas, ni les entrasen otros auxilios.

Abrió la trinchera desde el día 1º del presente, y aproximando más la batería en los siguientes al punto principal de ataque, que permitía la escabrosidad y aspereza del terreno […] estrechó a los sitiados por todas partes.

Así comenzó el trágico sitio a la fortaleza de El Sombrero…



NOTA: Este artículo es un fragmento del libro inédito "Resistencia insurgente en el Bajío (1813-1818), de Horacio Olmedo Canchola. Reservados todos los Derechos. Queda prohibida su difusión, copia o almacenamiento sin autorización expresa del Autor.

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