SEMBLANZA CURRICULAR

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Nació en Cuerámaro, Guanajuato. DOCTOR EN ARQUITECTURA (2009), Maestro en Arquitectura (2000) y Arquitecto (1976), por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Profesor de asignatura en Posgrado en Arquitectura (FA UNAM), coordinador y ponente de diplomados en la DECAD FA UNAM, profesor titular en la Universidad Marista campus Ciudad de México, profesor invitado de posgrado por la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), conferencista, aficionado a la pintura, la música, la historia y la literatura; viajero empedernido, autor de la monografía histórica "Cuerámaro... desde los muros de una hacienda" publicada en la edición especial de la Colección Bicentenario (2010), Gobierno del Estado de Guanajuato,

miércoles, 30 de noviembre de 2016

DESVELANDO LA LEYENDA DEL TIGRE DE SANTA JULIA



Los delitos y crímenes más sonados del Tigre de Santa Julia


(Segunda parte)

Últimos años: crímenes, detención, fuga, reaprehensión y juicio

Tras ser detenido en la ciudad de México el 24 de noviembre de 1902, por un escándalo en la calle Estrella, cerca de Nonoalco, donde habitaba con Ramona Cabrera, su amante en turno, José de Jesús Negrete logró fugarse en la esquina de las calles de Álamo y Sor Juana Inés de la Cruz, disparando contra el gendarme Arnulfo Sánchez con una pistola escondida en un sarape que le había dado la Cabrera al ser detenido.

Después de haber dado muerte al gendarme, Negrete huyó por la calle de Encino, y anduvo prófugo por diferentes rumbos y con diferentes nombres.

No obstante que era buscado por la policía, “El Tigre” siguió cometiendo delitos por diferentes rumbos de la Capital. Uno de ésos lo cometió en el barrio de Tacubaya, que, según el diario El Popular, era el escogido por Jesús Negrete y los suyos para sus correrías. Allí estaba la cantina de Heraclio Rodríguez, al que Negrete había conocido en el tercer regimiento de artillería de Tacubaya, y con el que comenzó su carrera delictiva al cometer el robo de armas del almacén del cuartel, haciendo un hoyo en la pared del edificio. Aquella tarde se habían reunido en la cantina Marciano Cornejo, José Cisneros y Marcelino Molina, y cuando estaban entrados en copas, Cisneros le quitó un sarape a Molina, y comenzó la riña. Molina intentó rescatar su zarape, atacando con una hoz a Cisneros, y entonces llamaron a Negrete, que se encontraba cenando con José Guadalupe Martínez, “El Indio”, en la casa de éste, situada muy cerca de la cantina. Negrete acudió, y riñó con Molina, quien resultó muerto por cuatro balazos que recibió en el cuerpo.

Sin embargo, el delito que en su tiempo fue considerado el más sanguinario de “El Tigre”, fue el ocurrido el 15 de octubre de 1904, en una cantina de Santa Julia, llamada “La puerta del Sol”. Allí se encontraban reunidos Negrete, Pedro Herrera (originario de la hacienda de Tupátaro, del municipio de Cuerámaro, Gto.), José Galván, Marciano Cornejo, Vicente Godínez y Lauro Frías. Este hecho dio origen al complemento del apodo de Negrete, para ser conocido a partir de entonces como “El Tigre de Santa Julia”, apodo que según reconocen varios diarios de la Capital, fue acuñado por El Imparcial. Los hechos, como los narra el periódico El Popular del lunes 10 de junio de 1908, tomando las declaraciones del propio Negrete, sucedieron de la siguiente manera:

Entre Godínez y Negrete surgió un disgusto y el segundo le dirigió al primero un insulto.
—¡No le puedo responder a usted Don Chucho, -dijo Godínez- espéreme a que vaya a su casa a traer la contestación!
—“No hay necesidad, repuso Negrete, tenga usted”. Y le dio su pistola.
Como Godínez no hiciera uso de ella y se retirara de ese lugar con intención de llevársela, dijo el propietario del arma:
—¡Oiga amigo, se la di para que me contestara, no para que se la cogiera! En vista de esto, Godínez entregó el arma y en unión de Frías se alejó del lugar.
Detrás de ellos caminaban los otros y momentos después regresaron Godínez y Frías armados y comenzaron a hacer fuego sobre el grupo de Negrete, quien repelió la agresión, disparó y mató a Frías, dejando herido de gravedad a Godínez, por lo que un hijo de éste fue a dar a viso de lo ocurrido al Comandante de rurales, Don Teófilo del Pozo quien ordenó que salieran los guardas Regino Aguilar y José Álvarez por un camino que conduce al llano del Reventonazo, para donde iban los asesinos, en tanto que otro grupo salía por otro camino con el mismo objeto.
Minutos después se trabó un verdadero combate, y murió un rural. En esta vez ya no iban más que Negrete y Galván, pues Cornejo había huido.
Llegaron los foragidos (sic) al río del Consulado, el que atravesaron y cerca de allí hubo un nuevo encuentro, muriendo entonces un individuo llamado Leonardo Enríquez, que se había prestado a ayudar a los rurales, y José Galván, compañero de Negrete resultó herido.
A negrete se le acabó el parque y entonces fue capturado con graves heridas en la cabeza.
Los dos heridos se cambiaron los nombres, Negrete dijo que era Julio Lastre, y Galván Pedro Herrera, y esto dio lugar a que se dificultara la captura de Herrera, pues como Galván murió sin aclarar este punto, nadie se preocupaba por detener al verdadero Herrera.

Según reportó más tarde el diario El País, Negrete, en sus declaraciones del 2 de junio de 1908, dijo que la riña se suscitó porque “yo llevaba una daga y noté que me la habían sacado. Reclamé y me dijeron que Vicente Godínez me la había robado”.


Cárcel de Belén, a principios del siglo XX. (Imagen tomada de Internet, sin datos)

José de Jesús Negrete fue recluido en la cárcel de Belén, donde se le comenzó un proceso judicial en el que el Agente del Ministerio Público pedía para él la pena de muerte. Ahí permaneció hasta la madrugada del 29 de noviembre de 1905, cuando junto con otros cuatro reos de Belén llevó a cabo una sensacional fuga, como fue calificada por los diarios de la Capital.

Los reos fugados, además de “El Tigre”,  fueron el francés Francisco Sarracín, al que le faltaban dos meses para cumplir su sentencia de ocho años, acusado de robo y estafas, haciéndose pasar por agricultor, minero, comerciante, turista, y sacerdote; Felipe Rodríguez y Fernández, “El Marquesito”, que se decía de nacionalidad española, sentenciado a cinco años de prisión por falsificación de firmas y estafa a diferentes bancos; Anacleto López, sentenciado a muerte por varios asesinatos y una fuga anterior; Pedro Mejía, que había sido indultado de la pena de muerte por asesinato, conmutándosele la sentencia por veinte años de cárcel.

Todos los fugados fueron reaprehendidos el mismo día, excepto Negrete, que logró huir y perderse por la calzada Chapultepec.


Imagen tomada de El Imparcial

José de Jesús Negrete anduvo prófugo durante seis meses, hasta el 28 de mayo de 1906, cuando finalmente fue reaprehendido por la policía. Se supo entonces que el día de la evasión “El Tigre” había ido al barrio de Puerto Pinto, en Tacubaya, donde vivía Inés Escogido, una de sus amantes. Después se escondió en el centro de la ciudad, en el callejón de Sombrereros, y de ahí se fue a las cercanías de Xochimilco y Tláhuac, donde se juntó con José Bonilla, conocido como “El Terror del Ajusco”, y José Alvear, “El Yerbero”, que tenían su guarida en el pueblo de Tlaltenco, al oriente de la Capital.

Félix Díaz (Tomada de Internet, sin datos)
Al conocer el paradero de Negrete, el Inspector General de la policía, coronel Félix Díaz, se puso de acuerdo con el jefe político de Chalco, Ignacio Montero, para organizar su captura. En la mañana del martes 27 de marzo de 1906, llegaron los agentes de la policía al lugar donde vivía un individuo de nombre Fructuoso Alcocer. Al descubrir su presencia, un hombre vestido con calzón blanco, blusa del mismo color, chaleco gris, huaraches y sombrero, comenzó a dispararles, mientras dos individuos salían huyendo del jacal. El que disparaba era José Bonilla, quien finalmente resultó muerto por las balas de los policías. José Bonilla tenía un largo historial sangriento, y había sido buscado infructuosamente por la policía. Los dos que lograron huir eran José de Jesús Negrete y José Alvear.

La policía seguía de cerca los pasos de “El Tigre de Santa Julia”, y pronto descubrió que el lugar que más frecuentaba era una casa situada en la calle de Nopalito, en el barrio de Puerto Pinto, en Tacubaya, donde vivía Guadalupe Guerrero, de quien Negrete “estaba profundamente enamorado”.
Finalmente, el 28 de mayo de 1906 fue aprehendido José de Jesús Negrete, “El Tigre de Santa Julia”, defecando tras un nopal.

De esa manera nació la frase infinitamente repetida por los mexicanos: “te agarraron como al Tigre de Santa Julia”.

Tras su detención, “El Tigre de Santa Julia” fue trasladado de la cárcel de Belén a la Penitenciaría del Distrito Federal, por Domingo Martínez, jefe de las comisiones de seguridad, a bordo de un carro municipal conocido como “El Diablo”. Su proceso se inició en el Juzgado segundo de Instrucción, por los delitos de asalto y robo, posterirmente sería turnado al Lic. Renato Hernández y Hernández, Agente del Ministerio Público, y luego a una presidencia de debates, para ser llevado al Jurado popular.


Penitenciaría del Distrito Federal (Imagen tomada de Internet, sin datos)

Además de diversas cuestiones referentes a los delitos y crímenes del acusado, durante el proceso también se ventilaron intimidades, como las que se refieren a las amantes de Negrete. El Imparcial, da cuenta de ello en su publicación del 10 de julio de 1906:

Siempre se consideró a este delincuente (José de Jesús Negrete) como a un vulgar criminal, sin ingenio ni tacto, dotado, sí, de una ferocidad extrema, sanguinario en el más alto grado […]
Las averiguaciones que se han emprendido […] han venido a demostrar que Negrete es un hombre suspicaz, calculador y de ingenio, y que la mayor parte de sus crímenes fueron preparados fríamente, hasta obtener la seguridad del éxito. Para ello explotaba el cariño de las mujeres a quienes hacía sus amantes y a las que iniciaba después en sus peligrosas aventuras.
LAS QUERIDAS DE NEGRETE
Hasta hoy se sabe con certidumbre que cinco fueron las mujeres que vivieron con el terrible bandido, y que a cuatro de ellas hizo cómplices de gravísimos delitos: sus nombres son: Mariana Torres, Ramona Cabrera, Inés Escogido, Manuela Álvarez y María Guadalupe Guerrero. […] Esta mujer (Guadalupe Guerrero) es la única que actualmente no manifiesta rencor por el bandido; las otras, lo odian mortalmente, a pesar de la difícil situación en que se encuentran, puesto que tendrán que responder de los crímenes en que tomaron parte, parece que un anhelo de venganza las mantiene enérgicas y resueltas, como ninguno de los secuaces del bandido.

Imagen de la banda de "El Tigre de Santa Julia", tomada de El Imparcial
Pero la novedad de los primeros tiempos del proceso se fueron enfriando, y pronto los diarios relegaron la noticia a notas breves, perdidas en las páginas interiores, hasta mayo, cuando se informó que daría inicio el jurado, al que los diarios de la Capital calificaban como “el más importante del año”.

El lunes 1 de junio de 1908 comenzó el juicio de José de Jesús Negrete, “El Tigre de Santa Julia”. Esta nueva etapa del proceso generó diferentes reacciones en el público de todas las clases sociales, que con morbo llenaba la sala del jurado, hasta convertirlo en un espectáculo que ahora, a la distancia de un siglo, podemos comparar con algunas escenas de la película “Ahí está el detalle”, protagonizada por Cantinflas en 1940. Lo mismo sucedía con las crónicas y la postura de los periódicos y panfletos: algunos atenuaban los crímenes del acusado y admiraban su hombría; otros, los más, provocaban el morbo, como si se tratara de una prolongada serie policiaca, para seguir vendiendo sus publicaciones.

Los principales diarios de la Capital dieron cuenta del inicio del juicio. Desde las primeras horas de la mañana se congregó una multitud frente al Palacio penal, en espera de que se abrieran puertas. A las nueve de la mañana se dio acceso al primer salón del jurado, y luego de que los jurados y el juez tomaron sus respectivos asientos, se dio orden para que entra el famoso bandolero.

Todas las miradas se dirigieron hacia la puerta del fondo, apareciendo el criminal y demás compañeros suyos acompañados de fuerte escolta de policía. ”El Tigre” echó una ojeada a todos lados y sin inmutarse ni bajar la cabeza siquiera, se colocó en el banquillo de en medio, rodeado de sus compañeros de latrocinio y asesinato.

Lic. Agustín Arroyo de Anda
El Tribunal quedó integrado de la siguiente manera:

Juez primero Presidente de Debates, Lic. Telésforo A. Ocampo; Secretario, Lic. Esteban Salinas Gil; Agente del Ministerio Público, Lic. José M. Lozano; defensores, Lic. Carlos Belina, Lic. Agustín Arroyo de Anda, Lic. Ricardo Gómez Robelo, Lic. Benjamín Escamilla, Lic. Francisco Icaza, Lic. Jesús Urueta, Lic. Enrique Beltrán, Lic. José Ma. Sáyago; pasante de derecho, Hipólito Olea y el Dr. David Palermo Serrano.

El jurado popular, por Luciano Block, Luciano Carriles, Juan B. Contreras, Eduardo Cuevas, hijo; Z. Clement, Agustín Curt, Manuel Calderóin, Manuel Cruz, Francisco Dupont, y los supernumerarios, Agustín Chastel, Celestino Dosal y Adolfo Camacho.

Después de la protesta de ley, y luego de que se retiraron los procesados, excepto Negrete, comenzaron los interrogatorios. “El Tigre” negó con gran descaro todos los crímenes —informa El Tiempo—, por más que se mostraban pruebas que hay contra él.


José de Jesús Negrete, "El Tigre de Santa Julia", rindiendo declaraciones ante el Jurado

En el debate comenzaron a salir a la luz nuevos datos sobre la vida del acusado. El Imparcial, en su edición del 3 de junio de 1908, informa que Negrete confesó tener una hija llamada Leonila, a la que dejó con una amiga para que la educara, mientras él se dedicaba a cortejar libremente a una mujer. La fuente no informa sobre la edad de la hija de Negrete, ni quién era su madre, ni en dónde se encontraba; aunque posteriormente dijo que vivía en el estado de Guanajuato. Después se supo que además de Leonila, Negrete había engendrado más de una docena de hijos de diferentes mujeres, y que a todos los había abandonado.

Finalmente, el Juez Primero Presidente de Debates dictó sentencia el 16 de junio de 1908.
José de Jesús Negrete, “El Tigre de Santa Julia”, fue condenado a muerte por los los homicidios del gendarme Arnulfo Sánchez, el rural Regino Aguilar y los paisanos Marcelino Molina y Lauro Frías.

Después, informa El Tiempo en su publicación del 24 de junio de 1908, “El Tigre de Santa Julia”, reo de muerte, fue trasladado de la cárcel de Belén a la Penitenciaría, donde fue rapado, rasurado y encerrado en la misma celda que antes ocupaba [la número 88 de la primera crujía], después de habérsele puesto el traje listado de los presidiarios y la gorrilla numerada.


Interior de la Penitenciaría del Distrito Federal (Imagen tomada de Internet, sin datos)

Los defensores de Negrete procuraron por todos los medios impedir la ejecución. En la publicación de El Tiempo (27 de agosto de 1910), se encuentra una breve nota en la que informa que el Lic. Justo San Pedro, había solicitado del presidente de la República, la gracia del indulto para su defendido, la que le fue negada. También se interpuso en su oportunidad una apelación contra la sentencia a muerte que le había sido dictada. Sin embargo, conforme a la publicación en el Diario de Jurisprudencia del Distrito y Territorios Federales (7 de diciembre de 1910), en la sentencia ejecutoria en segunda instancia dictada por el presidente y los magistrados de la Cuarta Sala del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal se “confirma la sentencia que condenó a José de Jesús Negrete a sufrir la pena capital, que se ejecutará con las formalidades y solemnidades de ley”, ratificando al mismo tiempo las sentencias de prisión por más de ocho años, y multas, que respectivamente se habían dictado a Agustín Cisneros y Marcelino Cornejo, sus cómplices.


(CONTINUARÁ: Jesús Negrete dio vida al Tigre de Santa Julia; su muerte, a la leyenda...)


[Todos los artículos la serie "Desvelando la leyenda del Tigre de Santa Julia" que han sido publicados en este Blog Horario: consagrado a las horas, son de la autoría de Horacio Olmedo Canchola, como resultado de una investigación hemerográfica y documental independiente. Quedan reservados todos los derechos y protegidos por las leyes nacionales e internacionales sobre el Derecho de Autor.]

martes, 22 de noviembre de 2016

ARQUITECTURA EN EL TIEMPO HISTÓRICO

BASÍLICA COLEGIATA DE NUESTRA SEÑORA DE GUANAJUATO

Cuarta y última parte

(Fragmentos de la conferencia dictada por el Dr. Horacio Olmedo Canchola en el Salón Juan Pablo II de la Basílica Colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato, el 12 de octubre de 2016, en el marco del Curso Arte y Devociones Religiosas en la Ciudad de Guanajuato, coordinado por el Dr. José Luis Lara Valdés, de la Universidad de Guanajuato)

Fotografía de Miguel Ángel Ramírez. 2016

ELEMENTOS FORMALES



En lo que se refiere a los elementos decorativos en el exterior del edificio, Borromeo recomienda que en la pared posterior y en las laterales no se representen imágenes.
Y así se concibió el volumen original del nuevo templo: austero y sobrio en el exterior, con paramentos verticales libres de ornamentación, excepto por las portadas de las entradas laterales, cuyo diseño es muy sencillo, sin imágenes, definido por dos cuerpos, aunque bien podrían considerarse tres, que se rigen por el arco de medio punto de la puerta, aplicando en toda su composición las proporciones áureas.



Por lo contrario, las mismas Instrucciones señalan que en la fachada principal de la iglesia debe colocarse la imagen de la Virgen María en la parte superior de la entrada, y que, de ser posible por las dimensiones de la portada, también se ponga por el lado derecho de la Virgen la efigie del santo o santa que da nombre a la iglesia, y por la izquierda, otra del santo o santa al cual le rinde veneración el pueblo.
A ese respecto, para la parroquia de Guanajuato se determinó la composición de la fachada principal con una portada de tres cuerpos de cantera rosa labrada, cuyos elementos constructivos y estilísticos que van del barroco sobrio al rico, permiten ubicar su fábrica a finales del siglo XVII y principios del XVIII.

Elementos de la portada principal de la Basílica Colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato. (Horacio Olmedo Canchola 2016)
En el barroco sobrio —de acuerdo con Manuel Toussaint—, la portada principal se desarrolla en torno a un arco de medio punto flanqueado por pilastras o columnas pareadas o sencillas, con funciones meramente ornamentales, y sobre el arco se coloca un nicho, una ventana o un relieve.
Tal es el caso de la portada principal de la Parroquia de Guanajuato. En ésta, el primer cuerpo de la portada, concebido a la manera de un arco de triunfo, se divide horizontalmente en dos niveles, marcando la línea divisoria con una imposta regida por elementos modificados del corintio y las molduras de los capiteles, que rompen todos los cánones de los órdenes clásicos, con lo que se generan claroscuros y se resaltan los planos verticales.
La imposta remata en el arranque del arco de medio punto, cuyos ejes determinan el desarrollo compositivo de la portada.



En la clave del arco se ve una concha con la tiara y las llaves de san Pedro, símbolos del papado y de la Contrarreforma. A partir de este elemento focal se genera una peana que sigue las molduras del entablamento, dando la impresión de que sobre ella descansa la imagen de la Virgen, que está en el vitral del coro.
Sobre el arco se dejaron las enjutas, decoradas con ramas de acanto o de helechos.
La puerta está flanqueada a cada lado por pilastras rectangulares pareadas, con elementos corintios en los capiteles, en cuyos intercolumnios se enmarcan los nichos de los santos.
La parte baja del primer cuerpo honra a los apóstoles Pedro y Pablo, pilares de la Iglesia católica. Al lado derecho de la puerta se encuentra la imagen de san Pedro; al izquierdo, la de san Pablo, sobre peanas que suben elegantes entre los basamentos de las pilastras.
La parte superior del primer cuerpo fue dedicada a los santos patronos de la población. En el lado derecho de la puerta, por arriba del nicho de san Pedro, en el mismo eje, se encuentra la imagen de san Ignacio de Loyola, cuyo patrocinio sobre la población fue jurado desde 1616.
Al otro lado, arriba de la de san Pablo, se colocó la de san Nicolás Tolentino, patrono de la minería guanajuatense, con lo que se significa el patrocinio de Juan Diez de Bracamontes, dueño de la mina de Rayas y principal patrocinador de la nueva iglesia, quien seguramente influyó en la definición del programa iconográfico.
El arco de triunfo remata en un entablamento sin friso, con elementos modificados del corintio, y a partir de ésta asciende con mayor profusión el segundo cuerpo, con características del barroco rico, flanqueado por dos pináculos que simulan ser sus guardianes.

 
El centro focal del segundo cuerpo es la ventana del coro, con el vitral de Nuestra Señora de Guanajuato, rematada con un arco mixtilíneo que se prolonga en las pilastras de sus jambas, con capiteles que parecen multiplicarse con sus molduras.
El ventanal está flanqueado con dos pares de columnas tritóstilas con capitel corintio modificado, dos exentas y dos adosadas, sin funciones estructurales, pero que imprimen al conjunto un movimiento característico del barroco. Este movimiento se acusa con los distintos planos que generan los capiteles superpuestos, y que se prolongan como arquitrabe a lo ancho del cuerpo.
Para enmarcar lateralmente este segundo cuerpo, en cada extremo se colocó una pilastra con capitel corintio modificado, teniendo a cada lado, en el estribo, otra pilastra tablerada, sin capitel.
En el intradós del arco mixtilíneo y siguiendo el movimiento de los capiteles, se genera una cornisa quebrada de la que surge una robusta peana que da origen al tercer cuerpo.
Lamentablemente este elemento adolece en la actualidad de varios defectos producidos por alguna restauración, que si bien pasan desapercibidos al común de los espectadores, resultan evidentes al analizarlos detenidamente, como se puede observar en esta imagen.
El último cuerpo de la portada, escoltado también por dos pináculos, representa la exaltación de la Asunción de María, como resultado de la aplicación de los decretos del Concilio de Trento.

 
El punto focal es la imagen de la Virgen de la Asunción, que aparece sostenida por querubines en su tránsito al cielo, enmarcada en segundo plano por un nicho de concha en arco de medio punto, cuyas enjutas son decoradas con ramas de acanto.
El nicho está flanqueado por columnas pareadas con capitel corintio modificado, revestidas con follaje de parras y racimos de uvas, como elementos representativos de la Eucaristía.
Como habrá podido observarse, en todas las pilastras, columnas y entablamentos de la fachada se acusan elementos del corintio. Por tanto, es oportuno recordar las recomendaciones de Serlio para el uso de los distintos órdenes en las iglesias, en el sentido de relacionar el dórico con los santos más extrovertidos y con carácter militar; el jónico, con los santos y santas matronales —ni demasiado duros ni demasiado tiernos— y también con los hombres cultos, y por último, el corintio, relacionado con las vírgenes, y muy especialmente con la Virgen María.


El último elemento formal de la portada principal del templo es el remate, con un frontón quebrado que enmarca a dos pequeños ángeles sosteniendo una corona imperial —actualmente mutilada en el frente—, de la que se desprenden flores, significando la entronización y culminación del ciclo de vida de la Virgen María.
Para concluir el breve análisis de la fachada principal, se puede afirmar que su composición, y por tanto la de su portada y las torres, al igual que el trazo de la planta y su volumetría, se basa en la aplicación de las proporciones áureas al diseño arquitectónico, en el marco de la Contrarreforma tridentina y del pensamiento barroco, como dejamos dicho, y se plantea también en estas imágenes.

Estudio preliminar de las proporciones compositivas de la fachada principal. (Horacio Olmedo Canchola 2016)
 
Queda por mucho por hablar sobre la arquitectura de la Parroquia. Por ejemplo, hay mucho que decir sobre su hermoso interior, para analizar ese estilo ecléctico en el que cantan el barroco y el neoclásico, recordándonos que conlleva la historia de sus patrocinadores, la de sus creadores y la de sus constructores, pero también la de los usuarios que le han dado vida al paso del tiempo.
También queda mucho por decir sobre la cúpula y sus pechinas, de sus bóvedas con lunetos, de sus capillas y los retablos barrocos desaparecidos, y de las transformaciones de que fueron objeto para satisfacer los gustos y necesidades de nuevas épocas.

  
Igualmente, queda pendiente hablar de otros elementos arquitectónicos que al paso del tiempo fueron modificando la armonía volumétrica de la arquitectura original, como la casa de los curas, el camarín, la sacristía nueva, la capilla de la Virgen de los Dolores, que más tarde se consagró a Nuestra Señora de Lourdes, la torre del reloj, y hasta de las campanas, que con voces profundas y claras surgidas del bronce nos cuentan historias seculares de la magnífica ciudad de Santa Fe de Guanajuato…



Pero esa será otra historia…

(Excepto donde se indica otra cosa, todas las fotografías e ilustraciones son propiedad del Dr. Horacio Olmedo Canchola)