SEMBLANZA CURRICULAR

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Nació en Cuerámaro, Guanajuato. Es DOCTOR EN ARQUITECTURA (2009), Maestro en Arquitectura (2000) y Arquitecto (1976), por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Socio activo de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística (SMGE), y fundador y presidente de la SMGE Correspondiente en el Bajío de Guanajuato. Profesor de asignatura en Posgrado en Arquitectura (FA UNAM), coordinador y ponente de diplomados en la DECAD FA UNAM. Ha sido profesor titular en la Universidad Marista campus Ciudad de México; profesor invitado en posgrado de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC); conferencista, aficionado a la pintura, la música, la historia y la literatura; viajero empedernido, autor de la monografía histórica "Cuerámaro... desde los muros de una hacienda" publicada en la edición especial de la Colección Bicentenario (2010) por el Gobierno del Estado de Guanajuato. Hasta el 30 de septiembre de 2025, fue Director de Integración de Planeación, Proyectos y Presupuesto, de la Dirección General de Obras y Conservación de la UNAM.

martes, 24 de mayo de 2016

EL TIGRE DE SANTA JULIA (La leyenda en novelas y en el cine)

LA LEYENDA



La leyenda del “El Tigre de Santa Julia” se originó en la ciudad de México a principios del siglo XX, promovida principalmente por el morbo que atizaba la prensa contemporánea con la narración sensacionalista de sus hazañas delictivas, y más tarde con los sucesos protagonizados durante el largo y peculiar juicio que finalmente llevó al paredón a José de Jesús Negrete Medina. En ese contexto, los reporteros recrearon durante varios meses la figura del criminal y la dotaron de una aureola que iba del horror y la satanización a la idealización romántica. En lo que se refiere a la situación del criminal ante la prensa, Carlos Roumagnac dice que la narración pormenorizada en los periódicos populares de cada uno de los postreros gestos y dichos del condenado a muerte, casi constituye un incentivo, porque forma en torno de aquél esa aureola de gloria a que aspiran tantos y tantos delincuentes. Y ese fue el caso de “El Tigre de Santa Julia”, que hasta su muerte se envolvió en una aureola que finalmente lo convirtió en leyenda.

Otro factor generador de la leyenda fue la estrategia que planteó el abogado defensor en el juicio de “El Tigre”, la cual se basaba en lograr una alianza emotiva con el público y la exaltación del acusado, para provocar la compasión del jurado. De esa manera, en el marco de un relajado ambiente teatral, el juicio se convirtió en un melodrama ingenuo que rindió buenos frutos, aunque no suficientes para salvar al acusado.
Al paso del tiempo la leyenda se fue transmitiendo oralmente, nutrida por la fantasía y el imaginario popular, realzando principalmente el episodio de la grotesca situación en la que fue aprehendido atrás de una nopalera. De esa manera se ha mantenido la leyenda durante más de un siglo, habiendo rebasando los límites urbanos de la Capital, hasta llegar por Internet a los confines más remotos del planeta. En la actualidad la leyenda ha sido “corregida y aumentada” por escritores y productores de cine, idealizándola románticamente para ser explotada comercialmente en novelas y películas para el consumo popular.

La leyenda en novelas y en el cine

 

Existen en México diferentes versiones noveladas sobre El Tigre de Santa Julia, y por supuesto, eso no es lo mismo que decir que son sobre la vida de José de Jesús Negrete Media. Las más populares son, primero, la de Carlos Islas, publicada por editorial Universo en 1980, y más tarde la de Melina S. Bautista Juárez, publicada en 2003 por la Colección de Clásicos Juveniles de la editorial Selector. También se han hecho investigaciones con diferentes enfoques disciplinares cuyos resultados han sido publicados en artículos y libros que permiten conocer otras facetas del legendario personaje, como el texto de Alberto del Castillo, que se incluye en el primer tomo de El Libro Rojo, coordinado por Gerardo Villadelángel, y varios estudios de Elisa Speckman Guerra sobre el sistema judicial, criminalidad y justicia en la ciudad de México.

En lo que se refiere a las películas sobre el Tigre de Santa Julia, la primera versión cinematográfica del legendario personaje fue hecha por Arturo Martínez en 1973, con la participación protagónica de Juan Gallardo y Norma Lazareno. En esa película, fantasiosa del todo, el “Tigre de Santa Julia” fue renombrado como “Miguel Negrete”, en vez de su nombre real, que era el de José de Jesús



El argumento de esa película de Arturo Martínez, al estilo romántico de Chucho el Roto, es el siguiente:
Heraclio, autoridad del pueblo y padrino de Concha, mata a los padres de la muchacha y envía al hermano de ésta, Juan, a la cárcel. Miguel, su otro hermano, huye herido con su amigo Serapio, e ingresan al ejército. Heraclio hace sirvienta a Concha. Miguel tramita la libertad de Juan; pero al conseguirla, Juan es asesinado por otro preso. Miguel, Serapio y otros soldados se dan de baja en el ejército y se hacen asaltantes. Miguel no deja viva a ninguna de sus victimas para evitar ser delatado, y por eso le apodan “El Tigre”, pero ayuda a los pobres del barrio de Santa Julia. Miguel finge comprar tierras a Heraclio, se casa con su hija Margarita, y a él lo mata. El sargento Cruz, que lo ha seguido durante diez años, da con él por la delación de Margarita, resentida porque “El Tigre” quiere más a su amante, la cantinera Juanita. Margarita le da una purga a Miguel, y el sargento lo mata cuando estaba defecando atrás de una nopalera.

La más reciente versión cinematográfica para el consumo popular fue imaginada por Francisco Sánchez y Alejandro Gamboa en la película protagonizada por Miguel Rodarte e Irán Castillo, en 2002. El film narra la vida del bandolero José de Jesús Negrete Medina, a quien se idealiza como un ladrón justiciero. Pero esta “tragicomedia romántica” del cine mexicano en realidad no buscaba recrear la biografía del “Tigre de Santa Julia”, sino parodiar la leyenda: “Nando” —un poeta y escritor desconocido (Fernando Luján)—, tomándose “pequeñas licencias”, como el mismo personaje lo aclara en la película, narra las míticas aventuras de un bato, Jesús Negrete, convirtiéndolo en un “Robin Hood” mexicano que roba a los ricos para ayudar a los necesitados, cosa que, según versiones de la época, no sucedió de esa manera. Su argumento, ubicado en el México de principios del siglo pasado, es el siguiente:
La acción comienza en Cuerámaro, en 1880, cuando nace “el futuro Tigre de Santa Julia”, según la narración de Nando. Su madre muere en el parto, y el padre lo rechaza, sospechando que no es su hijo, y al lanzarlo por la ventana del jacal, un maguey le salva la vida. Siendo adolescente viaja a la ciudad de México y llega a la casa de una tía, hermana de su madre, que se dedicaba a la prostitución. Ingresa al ejército, y tras el asesinato de su mejor amigo por el teniente Calleja, Negrete deserta del ejército porfirista. Conoce a Fernando Pacheco (Nando), escritor y periodista, se convierte en defensor de los pobres y necesitados, y así comienza la leyenda. Más tarde, decepcionado por la ambición de los hombres, José de Jesús forma una banda integrada por mujeres y, gracias a la difusión de sus acciones justicieras en el periódico que publicaba Nando, se convierte en "El Tigre de Santa Julia", una leyenda viva que roba a los ricos para repartir el botín entre los pobres.
Pero la realidad fue otra, y al margen de la leyenda, la vida del Tigre de Santa Julia poco tiene de ejemplar, aunque sí de interesante, y vale la pena intentar desvelarla.
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lunes, 9 de mayo de 2016

LOS CHICHIMECAS


A la llegada de los españoles, los límites del reino de Michoacán y los del imperio azteca dejaban al margen de sus dominios el territorio localizado al norte del río Grande de Toluca (Lerma). Ese territorio estaba habitado por diversos grupos de nómadas conocidos genéricamente como chichimecas, epíteto que significa perros que arrastran la soga.


Los principales grupos chichimecas eran cuatro, y se identificaban como guachichiles, pames, zacatecos y guamares.
Refiriéndose a la inestabilidad de los límites tribales en las regiones chichimecas, Gonzalo de las Casas[1] observa lo siguiente:

Estos chichimecas se dividen en muchas naciones y parcialidades y en diversas lenguas y siempre unos con otros han traído y traen guerra, sobre bien livianas causas, aunque algunas veces se confederan y hacen amigos por hacerse más fuertes [...] y después tornan a enemistar y esto acontece muchas veces y aun entre amigos entre una misma lengua y parcialidad que sobre el partir una presa o cosa que ellos hayan hecho de común pelean y se apartan unos con otros porque no les da pena dejar su casa ni sementeras, pues no lo tienen, antes les da más cómodo huir solos como animales o aves de rapiña [...] 
La demarcación entre las principales naciones chichimecas estaba definida de la siguiente manera:

Los guachichiles (cabeza colorada), tenida como la nación más numerosa, ocupaba el territorio más extenso. Abarcaba un gran territorio del actual estado de Guanajuato, parte del de Jalisco, todo el de San Luis Potosí, la parte sur de Coahuila, hasta Saltillo, y parte de los actuales estados de Nuevo León y Tamaulipas. Comenzaban en el río Grande (Lerma), en la frontera norte de los michoacanos, seguían por Ayo el Chico (de la encomienda de Juan de Villaseñor Orozco), Valle de Señora (donde se fundó la Villa de León), la sierra de Comanja, Arandas y el Valle de Lagos, extendiéndose luego por un extenso territorio hacia el norte. En territorio guanajuatense, los guachichiles ocuparon eventualmente los actuales municipios de Pénjamo, Manuel Doblado, Purísima del Rincón, San Francisco del Rincón, y parte de los de León y Cuerámaro.

Los pames (pami) ocupaban la parte oriental del actual estado de Guanajuato y prácticamente todo el de Querétaro. Comenzaban sus dominios desde la provincia de Michoacán, en los pueblos sujetos a Acámbaro y Yuriria, seguían por los de Xilotepec, ya en Querétaro, y llegaban hasta el Pánuco.
Los zacatecos, (los que viven entre yerbas), dominaban un amplio territorio en los actuales estados de Zacatecas, Aguascalientes y la parte sur de Durango.  
Los guamares —tenidos como los más valientes, belicosos, traidores y dañosos de todos los chichimecas— ocupaban casi todo el territorio del actual estado de Guanajuato, y eventualmente se confederaban con los copuces, los guazabanes y los sansas. Había varias parcialidades entre los copuces: la del copuz viejo, que se pacificó y se alió con los españoles contra los demás chichimecas; la de los copuces confederados con los guazabanes y los sansas; los guamares de San Bartolomé, los de Comanja de Jaso y los guamares que vivían en Pénjamo, que entre ellos se llamaban equamar. Gonzalo de las Casas dice: «Empiezan desde la villa de [San Mig]uel, y allí fue su principal habitación, y alcanzan a la de San Felipe y minas de Guanajuato y llega hasta la provincia de Michoacán y Río Grande. Estaban poblados en pueblos [de la encomienda de Juan de] V[ill]aseñor, Pénjamo y Caramaro [sic pro Cuerámaro]. Y allí fue su primera población y de allí van por las sierras de Guanajuato y Comanja a dar a los Arganos y Portesuelo que es el primer fuerte camino a Zacatecas, y baja a las sierras de Xale y Bernal y valle San Francisco y toma parte del tunal y de las sierras de Santa María y Atotonilco y no llegan a la raya del Pánuco porque los atajan los guachichiles.»
 El territorio del actual municipio de Cuerámaro quedaba comprendido en los dominios de los guamares; sin embargo, debido a la amplitud de las regiones ocupadas por las distintas tribus y por la inestabilidad de sus límites y de los mismos grupos, la frontera con el río Grande era una zona marginal disputada, cohabitada o dominada por guamares, guachichiles y michoacanos.




 NOTA: texto de OLMEDO Canchola, Horacio (2010). Cuerámaro: desde los muros de una hacienda. México: Gobierno del Estado de Guanajuato, Colección Bicentenario.
Las imágenes son interpretaciones hechas por Horacio Olmedo Canchola a partir de diversas fuentes.

[1] Gonzalo de las Casas, La Guerra de los Chichimecas, México: Vargas Rea, 1944.