SEMBLANZA CURRICULAR

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Nació en Cuerámaro, Guanajuato. DOCTOR EN ARQUITECTURA (2009), Maestro en Arquitectura (2000) y Arquitecto (1976), por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Profesor de asignatura en Posgrado en Arquitectura (FA UNAM), coordinador y ponente de diplomados en la DECAD FA UNAM, profesor titular en la Universidad Marista campus Ciudad de México, profesor invitado de posgrado por la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), conferencista, aficionado a la pintura, la música, la historia y la literatura; viajero empedernido, autor de la monografía histórica "Cuerámaro... desde los muros de una hacienda" publicada en la edición especial de la Colección Bicentenario (2010), Gobierno del Estado de Guanajuato,

viernes, 22 de julio de 2016

DESVELANDO LA LEYENDA DEL TIGRE DE SANTA JULIA


Los delitos y crímenes más sonados del Tigre de Santa Julia

(Primera parte)


La carrera delictiva de José de Jesús Negrete Medina comenzó con el robo al cuartel de artillería de Tacubaya, donde había servido durante cinco años, que era “el término de su enganche”. En ese tiempo Negrete alcanzó el grado de sargento primero, el máximo al que podía aspirar un soldado analfabeto.
Según declaraciones de Negrete, el robo al cuartel había sido organizado por Heraclio Rodríguez, quien junto con él había obtenido licencia para separase del ejército por tiempo indefinido. La permanencia de ambos en el cuartel les había permitido conocer perfectamente los movimientos, el terreno y el contenido de sus almacenes, y de esa manera llevaron a cabo un plan que consistía en horadar un muro para penetrar al almacén del cuartel, de donde robaron pistolas, monturas, machetes y otras armas, sin que durante mucho tiempo se descubriera quiénes habían sido los autores del robo.
Refiriéndose al paso de Negrete por el cuartel de Tacubaya, El Imparcial, en su publicación del 3 de junio de 1908, informa que

Allí [en el cuartel de Tacubaya] conoció a los suyos, a aquellos con quienes debía darse libremente y sin cálculos, años más tarde, a todas sus hazañas vandálicas que satisfaciendo sus instintos de troglodita, llenaban sus corazones y ponían en alto su amor propio de matón.

El periódico El Popular (1 de junio de 1908) recoge la versión de que José de Jesús Negrete viajó a pie desde Cuerámaro hasta Tacubaya (alrededor de 400 kilómetros), donde ingresó al ejército en busca de superación. Por otro lado, El Imparcial refiere que “cuando un vislumbre también rudimentario de aspiración lo hizo pensar en un campo más amplio para desenvolverse, no le sugirió otra cosa su cerebro rudo que filiarse en el ejército”. Sin embargo, la misma fuente informa que el Presidente de los Debates “exhibió documentos que acreditan que Negrete fue consignado al servicio de las armas por las autoridades de Piedra Gorda”, hoy Ciudad Manuel Doblado, por considerarlo peligroso. Ante eso, refiere el diario, Negrete replicó “No es cierto: yo no tenía en mi vida anterior un acto inconveniente; fui soldado, no por perverso, sino por voluntad”.
Y luego, en la misma crónica, con el subtítulo sensacionalista y romántico de “AMÓ EL CRIMEN”, El Imparcial agrega:
Licenciado ya del cuartel, amó el crimen, lo amó con desinterés, como se quiere a la primera amante, porque para él la maldad fue siempre la amante fiel y terrible que le tendía los brazos rojos por la sangre de sus víctimas o enegrecidas (sic) por el humo de los últimos disparos.
Más tarde, José de Jesús Negrete —“Chucho”, como le decían sus amigos—, se disfrazó de comerciante ambulante. Sin embargo, El Imparcial, en su publicación del 3 de julio de 1908, señala que esa actividad era una treta
más para ver lo que cae o qué “negocio” es bueno, que para vender las cambayas miserables que acallabetadas lleva sobre el hombro como pretexto para entrar en las vecindades a estudiar terrenos, como pretexto para recorrer los pueblecitos y las rancherías, para sorprender los planos de los sitios en que están el ganado y los aperos.
Así pudo preparar el siguiente atraco, que dio en la hacienda de Aragón, junto a la calzada de la Villa, la noche del 14 de agosto de 1900. El asalto fue perpetrado por José de Jesús Negrete y su banda integrada por Pedro Soria, Fortino Mora, Gregorio Mariscal, Tranquilino Peña y Mariana Torres, amante de Negrete. Todos los inculpados fueron aprehendidos al poco tiempo y sentenciados a prisión: Fortino Mora, que disparó al administrador de la hacienda, fue condenado a ocho años; los demás, a cuatro, excepto Negrete, que no fue capturado.
Según un recuento de los delitos y crímenes del Tigre de Santa Julia que hacen los diarios a partir de la información que se ventiló en el juicio, se sabe que el 24 de noviembre de 1902 Jesús Negrete llegó ebrio a una casa en la calle Estrella, cerca de Nonoalco, en la que habitaba con Ramona Cabrera, su amante en turno, y discutiendo con ella armó un gran escándalo y disparó varios tiros, por lo que llegó la policía y detuvo al escandaloso, quien entonces dijo llamarse Francisco Saucedo. Tras ser detenido, Negrete logró fugarse, pero de nuevo fue alcanzado, y al hacer un segundo intento de fuga, disparó contra el gendarme Arnulfo Sánchez, con una pistola escondida en un sarape que le había dado su amante Ramona Cabrera al ser detenido. De esa forma logró escapar de la justicia, dejando atrás al gendarme muerto.
La imprenta de Antonio Vanegas Arroyo recogió el episodio en una hoja titulada LA VIDA DE UN BANDOLERO. Los crímenes más notables de JESÚS NEGRETE (a) El Tigre de Santa Julia (Aprehensión de sus cómplices), la cual fue ilustrada con una imagen realizada por José Guadalupe Posada en la que resalta la vileza del acto y la fiereza del criminal. Esa misma imagen sería utilizada más tarde para difundir los pormenores de El Sensasionalísimo (sic) Jurado de José de Jesús Negrete, o sea El Tigre de Santa Julia.
(CONTINUARÁ)