SEMBLANZA CURRICULAR

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Nació en Cuerámaro, Guanajuato. DOCTOR EN ARQUITECTURA (2009), Maestro en Arquitectura (2000) y Arquitecto (1976), por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Profesor de asignatura en Posgrado en Arquitectura (FA UNAM), coordinador y ponente de diplomados en la DECAD FA UNAM, profesor titular en la Universidad Marista campus Ciudad de México, profesor invitado de posgrado por la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), conferencista, aficionado a la pintura, la música, la historia y la literatura; viajero empedernido, autor de la monografía histórica "Cuerámaro... desde los muros de una hacienda" publicada en la edición especial de la Colección Bicentenario (2010), Gobierno del Estado de Guanajuato,

jueves, 9 de junio de 2016

DESVELANDO LA LEYENDA DEL TIGRE DE SANTA JULIA

JOSÉ DE JESÚS NEGRETE


La captura


Hace 110 años, el martes 29 de mayo de 1906, la ciudad de México encontró en la primera plana de los principales diarios la noticia de la reaprehensión de Jesús Negrete, “Tigre de Santa Julia”. El bandido se había fugado de la cárcel de Belén en diciembre del año anterior, en compañía de otros cuatro presos que fueron reaprehendidos de inmediato por la policía.

 Negrete huyó de prisa y se escondió en la casa de una de sus amantes, Inés Escogido, que vivía en el barrio de Puerto Pinto, en Tacubaya. Luego fue al callejón de Sombrereros, en la ciudad de México, y estuvo en la casa de unos veladores, pero sabiendo el riesgo que corría en ese lugar, y decidió esconderse por algún tiempo en Xochimilco, en Tláhuac, Tetelco, Ixtayapa y otros pueblos, sin dormir dos noches seguidas en el mismo sitio.

Así permaneció huyendo y escondiéndose durante seis meses, mientras la policía, al mando del Inspector General, coronel Félix Díaz, le seguía muy de cerca los pasos. De esa manera descubrieron que el lugar que más frecuentaba “El Tigre” era una casa situada en la calle de Nopalito, en el barrio de Puerto Pinto, en Tacubaya, donde vivía una mujer llamada Guadalupe Guerrero, de quien Negrete —según el Imparcial— “estaba profundamente enamorado”. Esa pista permitió al coronel Díaz armar una estrategia que consistía en designar a un agente encubierto para que indirectamente se comunicara con Negrete y con Guadalupe Guerrero, de manera que llegara a provocar los celos del enamorado. El plan dio los resultados esperados y “El Tigre” comenzó a descuidar sus precauciones, llegando a permanecer por más de dos días en la casa de su querida, y cuando la dejaba no se retiraba mucho del lugar.

Con la seguridad de tenerlo cercado, el coronel Díaz instruyó a Francisco Chávez para que con varios agentes especiales de la policía se acercara sigilosamente hasta la casa de Guadalupe Guerrero. Siguiendo estrictamente las instrucciones, llegaron a la calle de Nopalito y ejecutaron el plan: en pocos segundos varios gendarmes invadieron al mismo tiempo la casa y sus cuatro cuartos de adobe con techos de tejamanil, mientras Chávez ocupaba el patio trasero con otros oficiales, para evitar que “El Tigre” huyera por ese lugar saltando las bardas.

El Imparcial (29 de mayo de 1906), narra de la siguiente manera el episodio de la captura:
[…] cuando los gendarmes salían de los cuartos, vacíos, sin muebles y sin escondite, los gendarmes que habían penetrado al fondo del patio comenzaron a dar voces de que allí estaba Negrete.
TRAS UN NOPAL
En efecto, tras un nopal se encontraba el bandido, que no le había permitido darse cuenta de la aproximación de los oficiales. Encontrándose en la posición en que dicen fue sorprendido alguna vez el festivo Quevedo, y cuando levantó la cara, se vio ya frente a los cañones de cuatro carabinas que lo apuntaban al pecho.
Cerca de él, aunque no tanto que para tomarla no hubiera necesitado dar un paso, se encontraba su inseparable: una magnífica pistola Colt de cacha de concha, calibre 41, y una canana con 100 cartuchos.
Al verse cogido, sin remedio, no hizo el menor movimiento, pues los gendarmes le advirtieron que si oponía resistencia, le dispararían.
A las voces de los gendarmes, acudieron los oficiales y el señor Chávez. Al ver a este señor, Negrete le dijo: “Estoy dado, no me amarren”.
La primera providencia fue recoger la pistola y la canana. Enseguida se registró a Negrete, que llevaba, además, una gran daga de magnífico temple. Bien había dicho Negrete, que estaba preparado para defenderse.
Así comenzó el fin de José de Jesús Negrete Medina, y surgió al mismo tiempo una frase jocosa que lo ha inmortalizado, pero no como Jesús Negrete, sino como “El Tigre de Santa Julia”, al que agarraron defecando tras los nopales.

Primera plana de El Imparcial, martes 29 de mayo de 1906


Colt calibre 41, con cachas de concha


 
Tren eléctrico de Tacubaya, 1900. Imagen de José Guadalupe Posada.