SEMBLANZA CURRICULAR

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Nació en Cuerámaro, Guanajuato. DOCTOR EN ARQUITECTURA (2009), Maestro en Arquitectura (2000) y Arquitecto (1976), por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Profesor de asignatura en Posgrado en Arquitectura (FA UNAM), coordinador y ponente de diplomados en la DECAD FA UNAM, profesor titular en la Universidad Marista campus Ciudad de México, profesor invitado de posgrado por la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), conferencista, aficionado a la pintura, la música, la historia y la literatura; viajero empedernido, autor de la monografía histórica "Cuerámaro... desde los muros de una hacienda" publicada en la edición especial de la Colección Bicentenario (2010), Gobierno del Estado de Guanajuato,

lunes, 11 de enero de 2010

2010



En todas las culturas y en todos los tiempos, el ser humano ha buscado siempre una renovación periódica, la suya propia y la de su mundo, en una simbiosis eterna, poniendo en el mañana toda su esperanza y su fe. La eternidad, sin embargo, es una medida incomprensible, y ha sido necesario fraccionarla hasta reducirla a la escala del ser que la contempla, aunque no la transite en toda su extensión, porque la existencia del hombre está acotada en un tiempo finito. La medida de un año, entonces, parece la más adecuada para relacionar al hombre con la eternidad.

Ya con esa escala tan manejable, el hombre puede planear su vida para un día, para una semana, para un año, para un lustro... pero la verdad es que ningún ser vivo tiene asegurado ni un segundo de su existencia.
Nosotro, humanos, pobres mortales, no somos la excepción; aunque siempre decimos que "para todo hay tiempo".

Horacio (el poeta latino) acuñó en sus Odas el siguiente verso:
  • Carpe diem quam minimum credula postero.

No podría haberlo expresado de otra manera el Consagrado a las Horas:

  • Aprovecha el día de hoy, porque el mañana es incierto.
El tiempo pasa, y se escurre como el agua entre los dedos, y cuando nos damos cuenta, ya tan sólo nos queda algo de humedad para saciar la sed. Ahora estamos comenzando un nuevo periodo de un año, que abarcará sus 365 días; estamos buscando una renovación, poniendo nuestras esperanzas en el mañana, como hace diez año lo hicimos con el nuevo milenio. ¡Mil años que son 10 siglos...! En casi dos lustros de este milenio han sucedido muchas cosas. Vimos morir a seres amados que cumplieron su ciclo para comenzar otra renovación, otra relación más íntima y estrecha con el tiempo eterno; pero también vimos nacer otros pequeños seres a quienes amamos aún antes de conocerlos. Carpe diem...
Alcanzamos algunas metas, pero también otras las perdimos para siempre. Hoy me doy cuenta de que tengo muchos pendientes en el cajón de los buenos deseos. Muchos de éstos, de tan viejos, al volver a sacarlos de su escondite se esfumaron con el viento de los años. Otros, necios, se siguen aferrando al "poder ser", sin percatarse de que su "hacedor" ya ha recorrido casi todo su camino, y que en éste no hay vuelta atrás. Pero también, entre todos esos, hay algunos deseos, quizás los más, que aún se ven vivos, brillantes, esperando ser desvelados para alzarse como estrellas, como objeto y sustento de vida. Carpe diem...

A todos los que forman mi universo, a quienes amo, quiero desearles no lo mejor para este año que comienza, sino lo mejor para cada día de su vida.

CARPE DIEM quam minimum credula postero