SEMBLANZA CURRICULAR

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Nació en Cuerámaro, Guanajuato. DOCTOR EN ARQUITECTURA (2009), Maestro en Arquitectura (2000) y Arquitecto (1976), por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Profesor de asignatura en Posgrado en Arquitectura (FA UNAM), coordinador y ponente de diplomados en la DECAD FA UNAM, profesor titular en la Universidad Marista campus Ciudad de México, profesor invitado de posgrado por la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), conferencista, aficionado a la pintura, la música, la historia y la literatura; viajero empedernido, autor de la monografía histórica "Cuerámaro... desde los muros de una hacienda" publicada en la edición especial de la Colección Bicentenario (2010), Gobierno del Estado de Guanajuato,

sábado, 9 de mayo de 2009

¡CÓMO ME ACUERDO DE MI ABUELO!


Más que siempre, últimamente me he acordado mucho de mi abuelo...
Lo veo sacando agua del pozo, una tras otra las cubetas, hasta llenar la pileta. Lo veo enrollando telas en la tienda del pueblo, subir y bajar; lo veo leyendo, investigando, escribiendo. En fin, lo veo riendo, con su cara amable que contagiaba paz. Después, cosas inevitables de la vida, lo veo cansado, agobiado por el tiempo; haciendo esfuerzos por servir a la gente, desde su cargo de presidente municipal.
Hace unos días encontré entre mis papeles una hoja de La Revista (El Universal), que había guardado tiempo atrás. Se trataba de un artículo enviado por Carlos Orozco Savournin, intitulado "Juventud Acumulada", el cual, aunque poco relacionado con mi abuelo y con su personalidad, o conmigo, me ha hecho sentirme un poco en los zapatos de aquel hombre íntegro al que con cariño, los nietos que lo conocimos, toda la vida llamamos "papá Pepe". Dicho artículo es el siguiente:

JUVENTUD ACUMULADA

Últimamente me ha dado por acordarme mucho de mi abuelo.
Me parece estarlo viendo, sentado en su sillón practicando su deporte preferido, "hecharse un coyotito". Así me acuerdo de él, cuando no estaba dormido se la pasaba quejándose de todo.
Íbamos a visitarlo a su casa, pero nos soportaba por un rato y luego se encerraba en su recámara, y si en nuestros juegos por descuido invadíamos su territorio, nos obsequiaba sendos periodicazos acompañándolos de un sonoro ¡fuera de aquí!
Para los paseos familiares siempre encontraba pretextos para quedarse en casa, me acuerdo que decía: "Yo ya no estoy para esos trotes".

Nos contaban que en su juventud había sido una persona alegre, dinámica y con energía interminable, pero ya para esas fechas se había vuelto todo un cascarrabias.
Ahora, a estas alturas de mi vida, empiezo a notar que me voy pareciendo a mi abuelo, y no es que no me guste divertirme, lo que pasa es que se me hace más difícil aguantar el paso. A esta edad, no hay día en el que uno no se sienta completamente bien: siempre hay algún dolor, la resistencia ya no es la misma, se cansa uno al menor esfuerzo, los achaques son constantes, y si se padece alguna enfermedad propia de la edad, para qué les cuento...
A mi megustaba mucho viajar, hacer deporte. Ahora ya no es lo mismo, prefiero quedarme en casa, hacer el menor esfuerzo. La razón es muy sencilla: hay que dosificar la energía. También el carácter cambia; se pierde la tolerancia y el mal humor nos atrapa. A mi ya no me importa si alguien se molesta por mis manías.
Ahora, cuando me quieren sacar a pasear, siempre les digo lo mismo: "vayan ustedes, muchachos, yo me quedo a cuidar la casa".

Caray, ¡cómo me acuerdo de mi abuelo!