SEMBLANZA CURRICULAR

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Nació en Cuerámaro, Guanajuato. DOCTOR EN ARQUITECTURA (2009), Maestro en Arquitectura (2000) y Arquitecto (1976), por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Profesor de asignatura en Posgrado en Arquitectura (FA UNAM), coordinador y ponente de diplomados en la DECAD FA UNAM, profesor titular en la Universidad Marista campus Ciudad de México, profesor invitado de posgrado por la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), conferencista, aficionado a la pintura, la música, la historia y la literatura; viajero empedernido, autor de la monografía histórica "Cuerámaro... desde los muros de una hacienda" publicada en la edición especial de la Colección Bicentenario (2010), Gobierno del Estado de Guanajuato,

jueves, 14 de mayo de 2009

CUERÁMARO

Autor: Horacio Olmedo Canchola (C)2009

En 2009 se cumplen 150 años de la fundación de la congregación de Cuerámaro.

La historia cueramarense, como la de cualquier otro pueblo, se ha forjado con cada momento y cada ayer que nos sucede, y cada ayer es simplemente un momento de historia que se duerme en el lecho de los siglos, esperando ser despertado por un curioso para no volver a dormir jamás.



De manera muy sencilla, como ya lo hice en el prefacio de mi libro "...desde los muros de una hacienda: Cuerámaro", comienzo este artículo con la siguiente descripción del municipio de Cuerámaro:

Histórica y geográficamente, el territorio cueramarense es una parte insignificante del planeta tierra; resulta imperceptible en el continente americano, aparece diminuto en el marco de la República Mexicana y muy pequeño en el mapa del estado de Guanajuato.

Aún cuando se supone la existencia de una antigua población de origen prehispánico, como parece confirmarlo su topónimo y los vestigios arqueológicos de asentamientos en la región, la actual ciudad de Cuerámaro tiene su origen en los muros de la hacienda agrícola fundada por el capitán Juan de Villaseñor y Orozco a mediados del siglo XVI, con el nombre de San Francisco Cuerámaro.

Desde la muerte de su fundador, y a través de tres siglos, la hacienda de San Francisco Cuerámaro fue pasando a manos de distintos propietarios, algunas veces por sucesión testamentaria, otras por venta voluntaria y otras por remate para cubrir las enormes dudas que pesaban sobre ella. Precisamente a través de un largo proceso de remate que duró ocho años, la orden de la Sagrada Religión de Clerigos Regulares Ministros de los Agonizantes de San Camilo de Lelis, mejor conocida como la comunidad de los padres camilos, adquirió la hacienda de San Francisco Cuerámaro el 21 de agosto de 1762.

Casi cien años conservó la comunidad de los padres camilos su propiedad de la hacienda de Cuerámaro. La independencia, el imperio de Iturbide y los subsecuentes movimientos políticos y militares que luego hirieron y mutilaron al territorio nacional, poco o nada perturbaron la existencia de la hacienda. Ésta permanecíó incólume en manos de los camilos, hasta que los acontecimientos liberales, y específicamente la Ley Lerdo promulgada por Comonfort el 25 de junio de 1856, obligaron a su desamortización y venta.
En medio de la turbulencia política que sufría el país y que se reflejaba intensamente en Guanajuato, situación conocida como Guerra de Tres Años, el futuro de la hacienda de San Francisco Cuerámaro pendía de un hilo sostenido en un extremo por el gobierno constitucional, que pugnaba por la Reforma, y por el otro por el gobierno conservador y reaccionario de Felix Zuluaga, quien luego de tomar posesión del gobierno expidió el 28 de enero de 1858 un Decreto que derogaba la ley de desamortización del 25 de junio de 1856. Con base en este Decreto, todas las operaciones de desamortización se nulificaban, quedando de nuevo los antiguos dueños en posesión de las fincas y terrenos desamortizados. De esa manera, los compradores devolvieron la propiedad de la hacienda de Cuerámaro a los padres camilos. Sin embargo, viéndose presionados por las circunstancias, los camilos la ofrecieron en venta al licenciado AGAPITO DE ANDA, quien la adquiere con el fin de fraccionarla para fundar una congregación en lo que fuera el casco de la hacienda.
El mismo Agapito de Anda da constancia de la fundación de la congregación, en un manuscrito que bien puede considerarse el "acta de nacimiento de Cueràmaro", de la siguiente manera:

"...yo había concebido una idea más noble, más grandiosa, más filosófica y de asombrosos resultados para la riqueza pública, para los aumentos del erario, para el adelanto de la agricultura y para el alivio de la clase más menesterosa que existe en el campo sujeta a una condición que dista poco de la servidumbre: la de dividir esa finca siglos atrás monopolizada, en fracciones de todos tamaños y precios, de manera que los hombres trabajadores e industriosos y hasta los proletarios mismos pudiesen entrar en la esfera de propietarios. Esta idea, que es en mi concepto el espíritu y la mente de la citada ley de 25 de junio, la comprende V. E. en toda su extensión y resultados, como bien lo manifiestan las disposiciones posteriores y análogas que ha dictado este Supremo Gobierno: por eso me abstengo de enunciarla y difundirme más sobre ella. Bástame manifestar que dedicado a ponerlas en ejecución he logrado realizarla enajenando la finca a multitud de compradores hasta en fracciones de a cincuenta pesos que éstos han de satisfacer en pequeños abonos y quizá en los productos de los mismos terrenos, aunque he tenido que pagar en un corto plazo la mitad del importe total de la finca.

"Para dar a este proyecto el debido impulso, procuré establecer y se ha establecido en efecto una pequeña colonia o pueblo en que se han avecindado multitud de personas, principalmente los compradores de fracciones y todos los antiguos sirvientes y jornaleros de la hacienda, que con apego a la propiedad no dudo adquieran también las virtudes sociales que son consiguientes." (1)

Para probar lo anterior, existe en el Archivo Histórico de Notarías del Distrito Federal un documento inédito, fechado el 24 de febrero de 1859, por el cual la comunidad religiosa de los camilos otorga al licenciado Agapito de Anda poder para firmar la venta de las fracciones de tierras que éste hiciera en la hacienda de Cuerámaro, en tanto se formalizaba la escrituración de compraventa de la hacienda. (2)

Ahora Cuerámaro es la ciudad cabecera del municipio del mismo nombre... El futuro esperado por el licenciado Agapito de Anda para los habitantes de la pequeña congregación que fundara hace ciento cincuenta años, se hizo realidad, y los ciudadanos, junto con las virtudes sociales, adquirieron también el gentilicio de cueramarenses. Sin embargo, a pesar de la importancia que representa este personaje para la historia moderna de Cuerámaro, Agapito de Anda no ha sido reconocido hasta ahora como el verdadero fundador de Cuerámaro.

Ante evidencias documentales como las mencionadas, ya es tiempo de que los cueramarenses reconozcan la verdad; ya es hora de corregir estos errores históricos y muchos otros, aunque haya quien no quiera aceptarlo, por ignorancia o necedad. Don Francisco Venegas no fue el fundador del pueblo, aunque sí su benefactor, y como tal debe ser reconocido.

  • Es honroso reconocer errores, y rectificarlos aunque nos duela hacerlo, más cuando se encuentran documentos que acreditan y comprueban la verdad. (José V. Canchola)

Fuentes:

  • (1) Archivo General de la Nación, legajo 734, Ramo de Bienes Nacionales.

  • (2) Archivo Histórico de Notarías, Acta 87101, 21 de febrero de 1859, folio 1120, Notaría de Pablo Sánchez.

  • Olmedo Canchola, Horacio (2002), ...desde los muros de una hacienda: Cuerámaro. México. Fundación Casa de la Cruz.