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domingo, 12 de agosto de 2012

ALGO SOBRE CUERÁMARO: Mitos y leyendas


Este es el quinto artículo de la serie publicada en el periódico Correo, de Guanajuato en la columna que denominé Algo sobre Cuerámaro. Este artículo surgió a partir de una plártica con un joven cueramarense que sostenía que Cuerámaro debía ser reconocido com un pueblo mágico, porque por sus mitos y leyendas lo es.

Galera Vieja. Una de las construcciones del siglo XVI, cuando era la hacienda de San Francisco Cuerámaro, de las que más ha atraído a los buscadores de tesoros, y alrededor de la cual se han armado diversas leyendas y mitos.

MITOS Y LEYENDAS


En todas las culturas, cuando el hombre busca encontrarse con un pasado desconocido, la imaginación inventa historias para recrearlo. De esa manera, los mitos y leyendas, como puentes entre la razón y la intuición, dan vida a dioses, héroes y villanos; inventa sucesos y seres maravillosos, mágicos o tenebrosos, que a través del tiempo van llenando en la memoria colectiva los espacios vacíos de casas viejas, caminos y calles.
Cuerámaro no es la excepción.
Esta insignificante partícula del planeta acaba de cumplir 150 años de vida urbana. Un suspiro en el tiempo, un instante que abarca apenas cinco generaciones de cueramarenses. En ese lapso se han creado leyendas locales, pero también, en su mayoría, se han adoptado y adaptado otras que la memoria cultural ha preservado.
¿Es pueblo mágico?
Cuerámaro nació como hacienda agrícola en el siglo XVI, y se conservó como tal por más de 300 años, durante los cuales se realizó la construcción de la casa de la hacienda y la capilla, los molinos, las galeras, la presa, el acueducto y la acequia. Al principio de esa época se ubica el origen de la leyenda de “la llorona” y la de “los niños emparedados”, ambas historias también presentes en gran parte del país, aunque con variantes.
Ya en su vida urbana, durante el último tercio del siglo XIX, surgen en Cuerámaro diversas leyendas locales sobre apariciones y tesoros de los padres camilos, propietarios de la hacienda durante la última centuria de ese periodo. Además de ésas historias, y sin poder precisar una época específica para su origen, circulan entre los cueramarenses otras leyendas como las de “el caballito de San Gregorio”, “los brujos de Tupátaro”, “el cerrito de San Miguel” y la del “gallo-mujer” que se le apareció a Néstor Martínez, velador del vecindario durante muchos años, para llevarlo al cementerio en las afueras del pueblo.
Actualmente abundan en Cuerámaro relatos modernos sobre apariciones de fantasmas y demonios, de animales y de bellas mujeres; algunos con mucha imaginación y poesía, otros demasiado burdos y prosaicos. Muchos son adopciones o interpretaciones de historias antiguas y de relatos escuchados en algún lado. ¿Pero quién no ha inventado alguna historia —mientras más inverosímil mejor— para impresionar a los amigos?
La mitología y las leyendas, sin duda, son manifestaciones poéticas de la cultura; pero tales manifestaciones no dan la característica de “mágico” a ningún pueblo. Un Pueblo Mágico es una localidad que ha estado siempre en el imaginario colectivo, que tiene antigüedad, tradiciones y atributos simbólicos, leyendas, historia, hechos trascendentes, identidad urbana, cotidianeidad y magia que emana en cada una de sus manifestaciones socio-culturales.
Cuerámaro es apenas un “niño” de 150 años que no ha podido alcanzar todos esos atributos. Pero la magia de Cuerámaro no está en sus calles ni en sus construcciones: está en la imaginación, en la añoranza y en el cariño de los cueramarenses.

[Publicado el 21 de enero de 2010, en el periódico Correo, Editoriales, Guanajuato, bajo el título de “Mitos y leyendas” Horacio Olmedo Canchola (c)]

1 comentario:

  1. Quizá no lo es ahora, pero algún día seguro lo será.

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